


"El
cante
es un arte dinámico, palpitante y vivo"



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p
r i m a v e r a .
1 9 9 4. n º 1
La hermosa pluralidad
del
Arte Flamenco
Emilio Jiménez Díaz
Tal vez lo más
hermoso del Arte Flamenco se encuentre en la almendra del desconocimiento
que todos tenemos de su génesis y que todavía enfrenta a
sesudos estudiosos. "Por lo que el flamenco nos estremece a quienes
nos estremece -decía el escritor Antonio Gala- es precisamente
por lo que no acabamos de entender."
El misterio de su nacimiento
nos lleva, sin vacilaciones a la belleza de su contemplación como
un diamante pulido) del que desconocemos cuanto tiempo llevaba enterrado
en las entrañas de la tierra. Por ahora y a pesar de la mucha bibliografía
que sale al mercado sobre el tema,
ningún tratadista
ha podido sacar a la luz las raíces de este Arte singular diferenciador
e insondable, que se pierde, como una nebulosa, en un proceso de muy lenta
y larga gestación; ni conocer a ciencia cierta como, cuando,
por qué y dónde nació esta manifestación étnica
de ayes, ritmos, latidos, giros, matices y desplantes con los que el pueblo
andaluz, parte de Extremadura y del sur levantino se define en tres géneros
artísticos independientes, aunque coaligados entre sí: el
cante, el baile y el toque.
Querer ahondar en los orígenes
del Flamenco, hasta incluso teorizar sobre él, es casi un despropósito,
no solo por la dificultad que entraña intentar acercarse a una
historia sin huellas ciertamente tangibles, sino porque el Flamenco, su
voz, no se ha podido escribir en partituras, ni de él se preocuparon
en tiempos remotos otros visionarios que sus propios intérpretes.
Qué duda cabe que,
para llegar a este fenómeno musical que hoy compartimos, y cuyo
sentimiento comparten con nosotros muchos pueblos del mundo, ha tenido
que haber un principio de individualidad dentro de una comunidad como
la andaluza: fina, culta, vitalista y hasta madura de civilizaciones.
Pero todo queda ahí: en el terreno de las hipótesis, aunque
Avieno nos hablase del ritmo de los pueblos de la Bética; a pesar
de que Marcial y Juvenal
alabaran las dotes de las
danzarinas de Cádiz, y de que, al fin y al cabo, Andalucía
haya sido, desde siempre, tierra de absorción de las grandes avenidas
musicales acarreadas por distintas culturas que sedimentaron por estos
lares durante siglos.
Quizá sea en la propia
duda en sí, que siempre deja en su enigma una aureola alrededor,
y en las que lleva en sus contradicciones el propio cante en su posible
aleación con otras músicas extrañas, donde esté
la sublime grandeza del Arte Flamenco. Al pasar ese bagaje a un enigmático
mundo propio que envuelve sus formas, trasvasadas
de una generación a otra por una hermética cadena de transmisión
oral llega hasta nosotros va en libertad de movimientos, como causa o
efecto de una pausada y serena proyeccion.
Cante
Gitano-Andaluz
Lo
cierto
es que el Flamenco -cuya propia definición del término ya
se presta a confusiones en el terreno de las teorías-, sólo
llegó a hacerse una realidad palpable dentro de los propios límites
geográficos andaluces y, ahondando más, por el arcaísmo
de los cantes, por su pureza primigenia en sus modos y por su expresión
telúrica y manifiestamente singular, dentro de unos puntos muy
concretos de Andalucía la Baja, con una línea directa que
nos lleva desde Triana a Cádiz, pasando por Jerez y Los Puertos
y con otras que forman vértices entre Sevilla, Cádiz y Ronda,
formando un espacio en cuyo interior, o en el natural recorrido de ese
trazo, se encuentran poblaciones de gran raigambre cantaora como Dos Hermanas,
Alcalá, Utrera, Lebrija, Carmona, Mairena del Alcor, Morón
de la Frontera, Marchena y algunas más.
Cuando
hablamos de estas poblaciones como puntos muy exactos en los que el cante
germina de esos estratos desconocidos, nos estamos refiriendo a lo que
hoy se suele llamar "cante gitano-andaluz", que no es otro,
en definitiva, que el de mayor soporte trágico en sus estructuras
musicales y literarias. Como ejemplos eternos de estos cantes, llamados
también «básicos», deben anotarse la Toná -cante
solitario y uno de los más difíciles de ejecución
por su gran carga anímica y expresiva- con sus variantes de Martinete,
Debla y Carcelera; la Seguiriya -que es el ˇay! más desgarrado,
y cuyas copias nos hablan de sentencias, persecuciones, muertes, lamentos
y pesares-, y la Soleá -Opera Magna: por su expresión, por
su relieve artístico, por el mensaje sentencioso de sus letras,
por la inmensa variedad de sus estilos, voces y matizaciones, y porque
ha servido como modelo y soporte rítmico y melódico para
otros cantes de posterior nacimiento que luego tomaron diversos caminos
para tener propias señas de identidad.
Pero no todo el cante flamenco
es tragedia ni Andalucía está solamente representada por
estos tres puntales que, junto con los Romances o Corridos, son los más
añejos de la tradición cantaora. Si apuntamos en el título
lo de «La hermosa pluralidad del Arte Flamenco» es porque ciertamente
así lo creemos y así nos lo ha hecho creer el gran
abanico de sones con nominaciones diferentes, nacidos o no en esas localidades
que antes anotábamos.

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