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r i m a v e r a .
1 9 9 4. n º 1
Tan antigua como el pan
Ramón Sánchez Ocaña
La imagen de la cerveza
que tengo en la memoria está siempre unida al verano. Es una imagen
asociada a la vuelta de la playa. De aquélla que, como casi
todas las del norte, hay que subir. Tiene un acceso cómodo, pero
excesivamente inclinado. Vienes con el cuerpo salado, y al subir despacio
(las escaleras aunque las bajes como un joven siempre debes subirlas como
un viejo) vas imaginando esa cerveza fría que te sirven en el bar.
Y la boca se hace más agua aun... (Todavía ahora, ante la
máquina de escribir, la boca se hace agua recordando ese trago
largo de cerveza fría.)
Debo confesar que no soy
un gran bebedor de cerveza . Me gusta, sí, en esas circunstancias
en que casi siempre una caña se te hace poco y esperas una jarra
grande y helada... (Sigo preguntándome cómo los ingleses
toman su cerveza a esa temperatura...). Y el otro día, cuando pedí
siempre de una cerveza para ver qué se me ocurría escribir
sobre ella, aparte de prometerme a mí mismo no aplicar el adjetivo
de "rubia", empecé a preguntarme por su historia. Y la verdad,
poco podía yo imaginar que la cerveza es casi tan antigua como
el hombre. Y debo confesar que desde que sé algo de su historia,
la miro con muchísimo más respeto. Porque digno de respeto
es algo que, teniendo básicamente los mismos ingredientes, llega
a contar hasta 800 tipos diferentes , como hay en Alemania... Ya los babilonios
tenían alrededor de 20 clases distintas de cerveza. Y hoy, vas
a algún lugar especializado y te pierdes en las variedades, en
los grados, en los colores de esta bebida, etc.
Hay quien la llama pan líquido.
Y tiene cierta razón. No por darle el carácter de alimento
básico que el pan tiene, sino porque cerveza y pan debieron
nacer casi al mismo tiempo. Cuando a alguien se le ocurrió moler
el cereal y amasarlo para que fermentara y darle después calor,
algún otro pensó en la posibilidad de poner los granos de
cereal en agua y esperar a que fermentara.
Pan y cerveza son hermanos
de cuna y de esencia. Cereal y agua... Y ciertamente, todos tenemos la
idea de que la cerveza contiene una serie de nutrientes (es verdad que
si se quieren nutrientes los hay mejores y en más cantidad en otras
sustancias).
De todos modos, de sus cualidades
alimenticias conocían mucho los monjes de los distintos monasterios.
Porque debe saberse que cuando se generalizó la cerveza, así
como las casas tenían su propia tahona, empezaron a disponer también
de su propia cervecería. Y lo mismo ocurría en los monasterios.
Los monjes amasaban su pan y hacían su cerveza. Era como el aprovechamiento
total de lo que producía la tierra. Cereales tara comer, cereales
para beber. Los monasterios, pues, fabricaban la cerveza para su propio
consumo. Y en la época de cuaresma, la cerveza adquiría
una importancia vital. Los monjes cumplían estrictamente el ayuno.
Una sola comida al día. Pero como el mandato nada decía
de los líquidos, la cerveza les ayudaba a soportar -y con alegría-
el hambre. Por sus nutrientes y por su pequeña graduación.
Los sumerios, y nos remontamos
a más de siete mil años antes de Cristo, ya tenían
su cerveza a base de trigo fermentado... Tostaban los cereales y luego
los dejaban en agua, que espumara ligeramente... Casi con toda seguridad
se pasaban en el horno y de ahí que, según los testimonios
de la época antigua, fuera más conocida la cerveza negra...
Una cerveza, dicho sea de paso, que debía ser sosa y dulzona, pues
no tenía los ingredientes de hoy en día.
También a la bebida
nacional egipcia podríamos llamarla cerveza. Era cereal fermentado.
Pero un cereal que más parecía una sopa de pan, ya que se
hacía troceando éste y dejándolo macerar durante
varias jornadas.
Lo que más puede llamar
la atención son sus nombres. Vean, por ejemplo, qué curioso:
la cerveza que consumían los celtas, se llamaba "alo", palabra
muy similar a la que hoy en los crucigramas aparece como cerveza inglesa,
es decir, "ale". Y otro nombre que la historia nos ha dejado es el de
los romanos, que ya bebían cerveza de cebada y que llamaban "brior".
Es evidente el parecido del término con el nombre que la cerveza
tiene hoy en todo el mundo: "biere", "birra"
El lúpulo no entró
en la historia de la cerveza hasta mucho tiempo después, hacia
el siglo XVI. Y ahí tengo mi cerveza. Brillante, corno sonriendo
de las anécdotas de su historia. Recuérdelo cuando pida
una caña. Y no haga corno hacían los cerveceros de hace
tres siglos. ¿Sabe cómo sin probarla, sabían sí una
cerveza era de buena calidad, si tenía suficiente cuerpo? Tiraban
un poco de cerveza en el banco donde habrían de sentarse. Si después,
el pantalón se quedaba pegado a la madera, era señal inequívoca
de que la cerveza era de buena calidad. Cuanto más pegajosa, mejor.
-Una caña bien fría,
por favor.
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