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La cerveza en el Arte

Carlos García-Osuna

Los griegos estaban orgullosos de su vino. Lo consideraban parte importante de su acerbo cultural, presente en algunos de sus relatos mitológicos, como prueba el pasaje de Ulises y Polifemo, a quien emborracha con el néctar de las uvas. También resultará fácilmente comprensible para los consumidores de alcoholes embriagadores la clásica contraposición entre el dios Apolo, sobrio e intelectual, y Dionisos, impulsivo y humanizado. Uno de los grandes negocios de los marineros y comerciantes griegos que importaban al Iitoral mediterráneo occidental fue el transporte y venta de vino. Y a consecuencia del éxito del comercio viticultor debieron surgir los viñedos en una amplia parcela de lo que hoy es España, pues se extendieron mucho tiempo antes de la dominación romana.

Centenares de obras plásticas reproducen, desde hace varios siglos, tanto sus consumidores como los líquidos que los embelesan. Clásicos como Brueghel y representantes de la modernidad como el “pop” Jasper Johns han tomado a la cerveza -esa rubia que hace perder la cabeza a muchos mortales- como protagonista e inspiradora de motivos en sus trabajos artísticos.

En medio, los impresionistas y los cubistas -con Pablo Picasso como figura emblemática- también brindaron con esa mezcla de oro y espuma que se bebe despacio, dejando que su especial sabor colonice las papilas gus­tativas. Y también los holandeses de todas las épocas pintaron jarras rebosantes que llevaron un poco de felicidad a las bocas secas.

Artistas tradicionales y postmodernos confinaron en sus telas el arte y la magia de la cerveza, apuraron los barriles y degustaron "pintas" en tabernas inglesas, españolas y de Flandes, donde se ponía el sol mientras los mostachos emblanquecían con la espuma de una bebida que formaba parte de la cultura de unos pueblos que aspiraban más a saborear la cerveza que a sepultarse e la modorra de las borracheras.

Las intenciones de los artistas también han cambiado con el paso de los siglos. Desde las meramente costumbristas, ese retrato del instante, festivo y lúdico la más de las veces y del que tenemos claros ejemplos en la escuela holandesa clásica, hasta las reflexivas y explora doras de nuevos lenguajes expresivos, de las que el lector encontrará buenos ejemplos en algunas obras de Picasso y Juan Gris. Paralelo a este incesante caminar, la cerveza ha ido cobrando un progresivo protagonismo Si en los cuadros incluidos en este reportaje de Te Brugghen o Jan van Bijlert la cerveza es un componen te más del conjunto pictórico, en el que ante todo prima la figura humana, según nos acercamos al siglo XX y muy especialmente con el cubismo el objeto mismo (la cerveza o la jarra que la contiene) es el verdadero motivo de reflexión del artista.

Diluida en el lienzo o protagonista absoluto de él, casi desde el origen mismo de la aparición del arte como actividad humana propia y específica el interés por los líquidos embriagores, ya sea el vino o la cerveza, ha sido un motivo recurrente, en ocasiones con evidente significado pedagógico. La inscripción en una tablilla de madera que se conserva en el Museo de El Cairo dice lo siguiente: "Dejad macerar e inflarse los granos de cebada durante un día, dejadlos reposar y maceradlos después de nuevo, dejándolos en un recipiente bajo, agujereado. Dejad secar hasta que se formen copos y exponed luego la cebada al sol". Así fabricaban la cerveza los egipcios, que hicieron de ella la bebida nacional.