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1 9 9 4. n º 2
La cerveza en el Arte
Carlos García-Osuna
Los
griegos estaban orgullosos de su vino. Lo consideraban parte importante
de su acerbo cultural, presente en algunos de sus relatos mitológicos,
como prueba el pasaje de Ulises y Polifemo, a quien emborracha con el
néctar de las uvas. También resultará fácilmente comprensible para los
consumidores de alcoholes embriagadores la clásica contraposición entre
el dios Apolo, sobrio e intelectual,
y Dionisos, impulsivo y
humanizado. Uno de los grandes negocios de los marineros y comerciantes
griegos que importaban al Iitoral mediterráneo occidental fue el transporte
y venta de vino. Y a consecuencia del éxito del comercio viticultor debieron
surgir los viñedos en una amplia parcela de lo que hoy es España, pues
se extendieron mucho tiempo antes de la dominación romana.
Centenares
de obras plásticas reproducen, desde hace varios siglos, tanto sus consumidores
como los líquidos que los embelesan. Clásicos como Brueghel y representantes
de la modernidad como el “pop” Jasper Johns han tomado a la cerveza -esa
rubia que hace perder la cabeza a muchos mortales- como protagonista e
inspiradora de motivos en sus trabajos artísticos.
En
medio, los impresionistas y los cubistas -con Pablo Picasso como figura
emblemática- también brindaron con esa mezcla de oro y espuma que se bebe
despacio, dejando que su especial sabor colonice las papilas gustativas.
Y también los holandeses de todas las épocas pintaron jarras rebosantes
que llevaron un poco de felicidad a las bocas secas.
Artistas
tradicionales y postmodernos confinaron en sus telas el arte y la magia
de la cerveza, apuraron los barriles y degustaron "pintas" en
tabernas inglesas, españolas y de Flandes, donde se ponía el sol mientras
los mostachos emblanquecían con la espuma de una bebida que formaba parte
de la cultura de unos pueblos que aspiraban más a saborear la cerveza
que a sepultarse e la modorra de las borracheras.
Las
intenciones de los artistas también han cambiado con el paso de los siglos.
Desde las meramente costumbristas, ese retrato del instante, festivo y
lúdico la más de las veces y del que tenemos claros ejemplos en la escuela
holandesa clásica, hasta las reflexivas y explora doras de nuevos lenguajes
expresivos, de las que el lector encontrará buenos ejemplos en algunas
obras de Picasso y Juan Gris. Paralelo a este incesante caminar, la cerveza
ha ido cobrando un progresivo protagonismo Si en los cuadros incluidos
en este reportaje de Te Brugghen o Jan van Bijlert la cerveza es un componen
te más del conjunto pictórico, en el que ante todo prima la figura humana,
según nos acercamos al siglo XX y muy especialmente con el cubismo el
objeto mismo (la cerveza o la jarra que la contiene) es el verdadero motivo
de reflexión del artista.
Diluida
en el lienzo o protagonista absoluto de él, casi desde el origen mismo de
la aparición del arte como actividad humana propia y específica el interés
por los líquidos embriagores, ya sea el vino o la cerveza, ha sido un motivo
recurrente, en ocasiones con evidente significado pedagógico. La inscripción
en una tablilla de madera que se conserva en el Museo de El Cairo dice lo
siguiente: "Dejad macerar e inflarse los granos de cebada durante un
día, dejadlos reposar y maceradlos después de nuevo, dejándolos en un recipiente
bajo, agujereado. Dejad secar hasta que se formen copos y exponed luego
la cebada al sol". Así fabricaban la cerveza los egipcios, que hicieron
de ella la bebida nacional.

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