La
llegada de la democracia y la aparición de una sociedad de consumo
mucho más compleja y hedonista que la precedente, alteraron sustancialmente
los mensajes publicitarios de la cerveza, cuyo análisis, desde
la década de los sesenta hasta nuestros días, concluimos
con esta segunda entrega.
En
el número anterior se describía el proceso de configuración
de imagen que la cerveza,como producto de consumo, ha construido a través
de los anuncios publicitarios desde 1960 a 1972. Con este artículo
retomamos el discurso de la cerveza a partir de 1973 hasta nuestros
días.
Uno de los aspectos más
importante que hay que destacar entre la 1ª etapa (1960-72) -ya explicada-
y las siguientes -2ª etapa (1973-82) y 3’ etapa (1984-94), que son las
que se desarrollaran en el presente artículo-, es el cambio del
contexto político. Estas dos últimas se diferencian cualitativamente
de la primera en que se estructuran sobre un Estado de Derecho que imprime
nuevos valores y estilos de vida diferentes.
Este nuevo contexto social
exige y demanda nuevas necesidades vinculadas explícitamente
con el bienestar, el éxito, el placer, el disfrute, etc. Es en
este espacio donde los productos pierden sus referencias de uso para
reconvertirse en productos-marca con significaciones y representaciones
simbólicas para los sujetos que los consumen.
A partir de ahora las marcas,
jugarán un papel relevante en el proceso de socialización
del consumo, pues se pasará de consumir productos a desear consumir
marcas concretas y éstas connotarán valores y aportarán
significaciones socio-culturales.
Teniendo en cuenta este
aspecto, se abordan las dos etapas que se explican a continuación,
sin obviar el peso y la importancia que cada marca de cerveza otorga
a la construcción de su propia imagen. Pero entendiendo el discurso
de las cervezas, desde el punto de vista publicitario, como un crisol
en el que se contextualizan los valores que priman en un momento social
y cultural determinado.
Esta etapa representa un
período muy importante en la reciente historia de nuestro país.
El paso de un estado autoritario a un Estado de Derecho dignifica todo
el contexto político-social de esa nueva sociedad democrátíca,que
tiene como columna vertebradora la Constitución de 1978. Esta
nueva situación política desencadena y configura un nuevo
contexto social, cultural, económico etc., que va a repercutir
en el surgimiento de nuevos valores.
La aportación de
esta etapa al discurso de la cerveza es muy significativo y sutil. Significativo
por la incorporación de nuevos valores con los que se va a identificar
y que serán los mismos que representen a la sociedad moderna
de ese momento. Al mismo tiempo, cumplirá un papel de ‘puente’
entre lo que fue la sociedad de consumo de los sesenta y lo que será
la sociedad de consumo de masas de los ochenta. Y sutil, porque si bien
hasta 1975, los mensajes están en línea con la etapa anterior,
posteriormente se vive un proceso paulatino, lógicamente, de
desvinculación ideológica con lo que tenga que ver con
el pasado.
Por otro lado, es una etapa
donde se intentan superar los prejuicios y complejos inculcados años
atrás, y se vive de forma estruendosa el descorsetamiento de
esa sociedad española que había estado reprimida hasta
mediados de los setenta.
De la "caña"
a la lata
En la etapa anterior se
describía el proceso de incorporación de la cerveza a
la incipiente sociedad de consumo. Publicitariamente, ya no será
necesario explicar cómo es una cerveza. Sin embargo, sigue un
proceso de adaptación a los hábitos urbanos que marcan
esos años. La urbe es el espacio en el que se imprimen las pautas
para considerar lo que es o no es moderno. La vida en la ciudad, tan
dada a los cambios y a la renovación, exige disponer de todo
en cualquier momento con la mayor comodidad y rapidez. Y en este contexto
la cerveza muestra su adaptación a los tiempos:
"...Para disfrutar mejor
de la buena cerveza: Abrir y beber"
La exigencia de nuevos
productos que hagan la vida más cómoda, agradable y feliz
es incesante. El sistema productivo está en una situación
de obsolescencia con respecto a la demanda, y en este marco, los envases
y formatos tengan un papel importante, ya que representan la renovación
simbólica de esos mismos productos. La cerveza se íncorpora
a esta línea de renovacíón y se presenta en el
mercado en un nuevo envase: la
lata.
La aparición de
ésta es significativa por cuanto íncorpora valores de
modernidad y renovacíón. Y es que la lata de cerveza encajaba
perfectamente en una sociedad que demandaba y valoraba la comodidad,
entre otras cosas. Ahora, la imagen del producto mucho más urbana
facilita su transporte, pues no se rompe y se puede llevar sin demasiado
cuidado. Es más sencillo y más rápido de abrir,
no se necesita un abridor. Además, a la lata se le atribuyó
la capacidad de refrigerador para mantener la cerveza fresca, especialmente
en aquellos casos en los que se sale de casa.
El nuevo envase arrastraba
un sin-fin de aparentes ventajas que se adaptaban a las exigencias de
una vida moderna, dinámica y urbana. Al mismo tiempo, representaba
la renovacíón ‘simbólica’ de la marca que ofreciera
su producto en este nuevo envase. Sin embargo, lo que en el fondo subyace
es una estrategia comercial para vender el mismo producto de distinta
forma.
