primavera. 1995.nº3 Del sudor y del sudar.2

Las glándulas y el olor

En la superficie ole nuestro organismo disponemos de unos tres millones de glándulas sudoríparas. Están repartidas por todo el cuerpo, aunque hay otras de sudor muy particular que están situadas en zonas concretas como las axilas o el pubis. Las primeras son mucho más abundantes y segregan un líquido acuoso con sodio, potasio, y elementos de desecho, como urea y amoníaco.

Las otras glándulas, las que tienen una localización precisa, son las del sudor ecrino y segregan un líquido más rico en azúcares. Son sudores diferentes y sobre todo diférenciales. Al descomponerse producen un olor distinto, particular, único, personal. Muchos animales no sudan, sino que eliminan el calor por otros sistemas. Y sin embargo, sí disponen de esas glándulas localizadas de "otro sudor". De ahí se dedujo que deberían cumplir otra misión. Y en efecto, son emisoras de unas sustancias -las feromonas- de gran valor en la biología de cada especie. Entre sus funciones está la de atraer a la pareja. La química de la atracción y del amor parece residir en esas secreciones.

Uno de los inconvenientes graves de la excesiva sudoración está en el olor. Depende, en principio, de la zona que suda y de la composición del sudor, porque puede verse alterado por

lo que se haya comido. Hay quien después de haber comido ajo, por ejemplo, tiene un sudor que huele a ajo. Depende en definitiva de la sustancia que segregue. Si se trata de azucares

-base de la secreción de las axilas, por ejemplo- las bacterias los descomponen rápidamente, con lo que el olor, característico, aparece con cierta rapidez.

El exceso

Una sudoración excesiva puede tener consecuencias graves. Y una de ellas es la deshidratación. la pérdida de agua y minerales puede comprometer seriamente el funcionamiento orgánico. La ausencia de sales puede alterar hasta el funcionamiento cardíaco.

El exceso de sudor puede, en buena parte, prevenirse. La primera manera de hacerlo es suprimiendo la causa que motivo la alteración del termostato, es decir, suprimiendo estados de ansiedad o de nerviosismo con los tratamientos psicológicos o médicos oportunos.

Si se trata de infecciones o fiebres, debemos suprimir las cansas orgánicas. También debe controlarse la causa de producción exagerada de calor -comidas copiosas, demasiado calóricas o picantes-, que fuerzan una reacción equivocada del termostato. También las alteraciones tiroideas tienen su responsabilidad.

Las causas pueden ser también externas, corno el calor excesivo de agosto. En este caso estaría bien propiciar la pérdida de agua a través de la piel, dejando al descubierto la mayor superficie posible, especialmente si no se está en ambiente muy húmedo o al sol.

En este sentido, es curioso observar como los beduinos del desierto no sólo no se descubren, sino que se tapan de forma que parece excesiva. La razón es sencilla. Toda esa ropa exterior les sirve para hacer su propio aire acondicionado

No obstante, en el caso de una sudoración excesiva, es posible que lo que se encuentre averiado sea el termostato; es decir, que las órdenes de producción o de pérdida de calor estén mal dadas. En ese caso ocurre lo mismo que si una estufa está estropeada. Debemos ir a un especialista para que la arregle. Un internista o un endocrino puede saber enseguida si el termostato falla y cuál puede ser la causa. Antes de tomar ninguna medida por su cuenta, pregunte, por si acaso. la solución del antitranspirante enmascara la causa. Y es necesario saber el porqué del exceso de sudoración.

De todos modos, sea consciente de que el líquido que se pierde debe reponerse.