Ulises, de James Joyce

 

 

 

 

 

 

 

 

"La subestimación
cultural de la cerveza obedece a la malsana conjunción de dos
de los vicios extendidos
en esta sociedad:
el de no saber beber
y el de no saber leer
"

 

 

 

Bodas en Casa, de Bohumil Hrabal

 

p r i v a m v e r a - v e r a n o . 1 9 9 6. n º 5
La cerveza en la literatura

Francisco Correal

Es un planteamiento bastante generalizado decir que el vino es cultura y la cerveza bebida. El que se emborracha de aquél entraría en el Parnaso; el que de ésta lo hiciera sería merecedor de un severo castigo en la zahúrda de los ebrios. La cerveza normalmente ha tenido que defenderse sola, y quizás por eso le sientan tan mal las mezclas. No ha necesitado de Sociedades Culturales ni Logias afines. Es tan universal y tan local, ecuménica que diría un teólogo, que sus valedores no se rasgan las vestiduras por algo tan banal como que los sesudos académicos de la Lengua, que tanto deben entender de paladares, despachen el vocablo cerveza en cinco líneas, aprisionado entre cerverano, natural de Cervera, y cervicabra, especie de antílope de la India, y le dediquen sesenta y una líneas a su majestad el vino.

En este modesto repaso a los ecos literarios de la cerveza se aborda tangencialmente su universalidad con paradas en tabernas o sacristías laicas de Bujumbura, Viena, Praga, Sevilla. Berlín, Dublín o la cordillera andina. Se muestran fehacientemente las diferentes funciones de la cerveza: licencia poética, metáfora amorosa, guiño vanguardista, texto y pretexto la subestimación cultural de la cerveza obedece a la malsana conjunción de dos de los vicios más extendidos en esta sociedad: el de no saber beber y el de no saber leer. Tuve sed y me diste de leer una antología de textos de, por y sobre la cerveza. De eso se trata.

1904 es una fecha crucial en la historia de la literatura universal y de la cerveza sevillana. Es el año en el que los botellines registran la creación de la cerveza Cruzcampo. El año también, un 16 de junio de 1904, en el que James Joyce sitúa la acción del "Ulises". Una densa novela que transcurre en un solo día. José María Valverde, traductor y estudioso de esta "Biblia" dublinesa, estima que el capítulo séptimo, al que nos vamos a referir, transcurre aproximadamente de doce a una del mediodía, una hora excelente para tomar una cerveza.

La acción se desarrolla en la redacción del periódico de Dublín "Freeman’s Journal and National Press". Es un edilicio céntrico y Joyce recoge todos los ruidos circundantes.

El director del periódico es un tal Myles Crawford, "alcohólico y chillón". "Esos señores de la prensa" es el título del epígrafe en el que aparece la cerveza como soporte de los juegos experimentales que Joyce hace con el idioma, con la gramática:

"Carreteros de torpes botas sacaban rodando barriles de sordo retumbo del almacén Prince y los subían entrechocándolos al carro de la cervecería. En el carro de la cervecería se entrechocaban barriles de sordo retumbo sacados rodando del almacén de Prince por carreteros de torpes botas."

Más adelante, lo sintetiza como puro y simple decorado: "Barriles de sordo retumbo de Guinnes". La cerveza y el "Uiyses" tienen en común su vinculación con la gente de la calle. "Joyce fue el primero en conferir una significación heroica a un ciudadano sin importancia", escribe Richard Ellmann en su libro biográfico "James Joyce". ón transcurre en Dublín, quizá la ciudad más literaria y más cervecera del mundo. El pabellón de Irlanda en la Expo 92, regido por el cultísimo y sensible dramaturgo Denís Rafter, tenía dos alicientes: la barra de una cervecería antigua -"La taberna del irlandés", título de la filmografía de John Huston- y los manuscritos de sus célebres escritores: Oscar Wilde, Yeats, Joyce, Samuel Beckett. La cerveza y el Ulyses estuvieron a punto de hermanarse si James Joyce, que estaba sin oficio ni beneficio tras haber estudiado en los jesuitas, hubiera seguido la sugerencia paterna de "buscar un empleo de oficinista en las cervecerías Guinness" (Ellman).

La voz de la cerveza

Corren anos difíciles en Berlín. Especialmente para Franz Riberkopf, que acaba de salir de la cárcel y no tiene dónde caerse muerto. lis otro héroe "sin importancia", protagonista de la novela de Alfred Döblin "Berlín Alexanderplatz", que Rainer Fasshinder llevó al cine en lo que fue el trabajo Póstumo de un cineasta muerto en plena madurez. Es agosto en Berlín. El calor aprieta. Riherkopf va "de taberna en taberna". "Desfilan ante él grandes vasos de cerveza". La novela de Döblin -nunca el dolor y la sociedad han sido descritos con tanta hermosura- es un fresco babilónico. En el terreno que nos ocupa, el novelista le confiere voz a la cerveza, la convierte en personaje de la trama:

"El primer vaso dice: vengo de la bodega, del lúpulo y malta. Ahora estoy fría, ¿qué sabor tengo?"