Es un planteamiento
bastante generalizado decir que el vino es cultura y la cerveza bebida.
El que se emborracha de aquél entraría en el Parnaso;
el que de ésta lo hiciera sería merecedor de un severo
castigo en la zahúrda de los ebrios. La cerveza normalmente ha
tenido que defenderse sola, y quizás
por eso le sientan tan mal las mezclas. No ha necesitado de Sociedades
Culturales ni Logias afines. Es tan universal y tan local, ecuménica
que diría un teólogo, que sus valedores no se rasgan las
vestiduras por algo tan banal como que los sesudos académicos
de la Lengua, que tanto deben entender de paladares, despachen el vocablo
cerveza en cinco líneas, aprisionado entre cerverano, natural
de Cervera, y cervicabra, especie de antílope de la India, y
le dediquen sesenta y una líneas a su majestad el vino.
En este modesto
repaso a los ecos literarios de la cerveza se aborda tangencialmente
su universalidad con paradas en tabernas o sacristías laicas
de Bujumbura, Viena, Praga, Sevilla. Berlín, Dublín o
la cordillera andina. Se muestran fehacientemente las
diferentes funciones de la cerveza: licencia poética, metáfora
amorosa, guiño vanguardista, texto y pretexto la subestimación
cultural de la cerveza obedece a la malsana conjunción
de dos de los vicios más extendidos en esta sociedad: el de no
saber beber y el de no saber leer. Tuve sed y me diste de leer una antología
de textos de, por y sobre la cerveza. De eso se trata.
1904 es una
fecha crucial en la historia de la literatura universal y de la cerveza
sevillana. Es el año en el que los botellines registran la creación
de la cerveza Cruzcampo. El año también, un 16 de junio
de 1904, en el que James Joyce sitúa la acción
del "Ulises". Una densa novela que transcurre en un solo día.
José María Valverde, traductor y estudioso de esta "Biblia"
dublinesa, estima que el capítulo séptimo, al que nos
vamos a referir, transcurre aproximadamente de doce a una del
mediodía, una hora excelente para tomar una cerveza.
La acción
se desarrolla en la redacción del periódico de Dublín
"Freeman’s Journal and National Press". Es un edilicio céntrico
y Joyce recoge todos los ruidos circundantes.
El director
del periódico es un tal Myles Crawford, "alcohólico y
chillón". "Esos señores de la prensa" es el título
del epígrafe en el que aparece la cerveza como soporte de los
juegos experimentales que Joyce hace con el idioma, con la gramática:
"Carreteros
de torpes botas sacaban rodando barriles de sordo retumbo del almacén
Prince y los subían entrechocándolos al carro de la cervecería.
En el carro de la cervecería se entrechocaban barriles de sordo
retumbo sacados rodando del almacén de Prince por carreteros
de torpes botas."
Más
adelante, lo sintetiza como puro y simple decorado: "Barriles de sordo
retumbo de Guinnes". La cerveza y el "Uiyses" tienen en común
su vinculación con la gente de la calle. "Joyce fue el primero
en conferir una significación heroica a un ciudadano sin importancia",
escribe Richard Ellmann en su libro biográfico "James Joyce".
ón transcurre en Dublín, quizá la ciudad más
literaria y más cervecera del mundo. El pabellón de Irlanda
en la Expo 92, regido por el cultísimo y sensible dramaturgo
Denís Rafter, tenía dos alicientes: la barra de una cervecería
antigua -"La taberna del irlandés", título de la filmografía
de John Huston- y los manuscritos de sus célebres escritores:
Oscar Wilde, Yeats, Joyce, Samuel Beckett. La cerveza y el Ulyses estuvieron
a punto de hermanarse si James Joyce, que estaba sin oficio ni beneficio
tras haber estudiado en los jesuitas, hubiera seguido la sugerencia
paterna de "buscar un empleo de oficinista en las cervecerías
Guinness" (Ellman).
La
voz de la cerveza
Corren anos
difíciles en Berlín. Especialmente para Franz Riberkopf,
que acaba de salir de la cárcel y no tiene dónde caerse
muerto. lis otro héroe "sin importancia", protagonista
de la novela de Alfred Döblin "Berlín Alexanderplatz", que
Rainer Fasshinder llevó al cine en lo que fue el trabajo Póstumo
de un cineasta muerto en plena madurez. Es agosto en Berlín.
El calor aprieta. Riherkopf va "de taberna en taberna". "Desfilan ante
él grandes vasos de cerveza". La novela de Döblin -nunca
el dolor y la sociedad han sido descritos con tanta hermosura- es un
fresco babilónico. En el terreno que nos ocupa, el novelista
le confiere voz a la cerveza, la convierte en personaje de la trama:
"El primer
vaso dice: vengo de la bodega, del lúpulo y malta. Ahora estoy
fría, ¿qué sabor tengo?"