Las personas amigas de
la cerveza superan con mucho en número a las que navegan por
Internet, pero al ritmo que crecen las autopistas de la información
la diferencia se acortará en poco tiempo. Los internautas o cibernautas
han sido calificados de seres retraídos y colgados en exceso
de su afición. Nada más lejos de la realidad. Los internautas
cerveceros constituimos un lobbie poderoso, multinacional, multiétnico
y multicultural, que mientras esperamos que se descarguen las páginas
solicitadas en la pantalla del ordenador, sabemos paladear los ricos
matices de la malta y el lúpulo fermentados.
Internet, como todo fenómeno
nuevo y revolucionario, tiene por ahora en los medios de comunicación
y en determinados círculos intelectuales más detractores
que partidarios. En los últimos meses, la conspiración
contra
los internautas aprovecha
casi cualquier noticia para darle un "palito" a la madre de
todas las redes telemáticas. Son muchos los colegas de profesión
que titulan "Internet no garantiza la seguridad para el comercio",
"Llegan los cibercacos", "Los terroristas también
circulan por las autopistas de la información"...
Se busca meter el miedo
en el cuerpo y apoyar la coartada de los que no quieren que cambien
las cosas. Por eso la imagen amigable de los millones de personas que
trastean desde la sala de estar de su casa o desde una confortable cervecería
en las "infopistas" no es aceptada en la prensa. Incluso en
cl cine más reciente de Hollywood se nos da una imagen distorsionada
de los internautas. Casi siempre aparecen como personas muy replegadas
sobre sí mismas, metidas en casa y con tina taza de café
al lado para reforzar el estereotipo de insomne.
Sandra Bullock, en La
Red, se pasea durante un rato en una playa paradisiaca con su portátil
y su móvil. Pero éste es casi el único espacio
agradable y distendido del filme.
Hay que reivindicar el
lado bueno de la vida. Las redes virtuales tejidas con cables, ondas
y fibras ópticas nos esperan para llenar nuestra mente y nuestro
corazón de mensajes positivos, de estímulos a nuestra
fantasía y de ganas de jugar. Como ocurre en todos los ámbitos
de la existencia humana, son afortunadamente una minoría los
que utilizan la Red para piratean, estorbar, asaltar la intimidad de
las personas, conspirar o delinquir.
Este último verano
he viajado por Asia y he visto como los grandes grupos cerveceros multinacionales
abren nuevos mercados en ese continente y la cultura de la cerveza arraiga
en todos los sectores. Al mismo tiempo que se incrementa el consumo
de cerveza, los nuevos «dragones» del sureste asiático entran
de lleno en el universo de Internet y de la telefonía móvil,
tino de los últimos ciberbares abiertos en el mundo ha sido el
instalado en el hotel Dusit Thani de Bangkok, la capital de Tailandia.