Innovar
es arriesgado, pero no hacerlo resulta aún más peligroso.
Aunque innovar no garantiza siempre el éxito, hacerlo es siempre
una apuesta por el futuro. En la historia existen numerosos ejemplos
de ideas creativas e innovadoras que no llegaron nunca a cuajar. Sin
embargo, la mortandad de empresas inmovilistas o refractarias a la innovación
es infinitamente superior.
Crear siempre ha
sido importante, pero en los tiempos que corren la empresa solo tiene
dos caminos: o asume la innovación, a pesar de sus riesgos y
fragilidades, y la hace parte de su cultura, de su forma de ser; o será
devorada por un entorno y un mercado que cambian a velocidades de vértigo.
Tan radical es esta transformación que viene afirmándose
que la mitad de los productos que se utilizarán dentro de diez
años no existen aún.
En la última
década, los mercados, cada vez más abiertos y variables,
han acentuado la necesidad de ganar la batalla de la competitividad
cada día, lo cual imprime una extraordinaria velocidad de respuesta
a las exigecias del entorno económico en el que las empresas
operan. De tal modo que en las autopistas económicas ya, para
bien o para mal, no hay límites de velocidad. Todos vamos tan
rápido como demandan los gustos y las necesidades de calidad
de unos consumidores cada vez más sensibles, más exigentes
exito y mejor informados.
Estos cambios vertiginosos
no sólo afectan al mercado y al entorno económico de nuestra
sociedad, sino que afectan también a las propias reglas del juego
económico y en especial al ámbito legal y fiscal. La innovación,
por tanto, no es ya sólo un proceso de adaptación hacia
afuera, hacia los mercados, sino que es una exigencia en el seno de
la misma actividad empresarial, de dentro para adentro. Los componentes
humanos de la empresa convertido así en un cliente interno al
que hay que dotar de herramientas para la innovación, para la
adaptación y para el cambio constante. Poca innovación
se puede hacer, pues, si en el seno de las empresas no se asume la creatívidad,
las nuevas formas de hacer, como parte de la manera de ser de la misma
empresa. Ln otras palabras, no se puede innovar si no se tiene disposición
e ilusión para ello. No es innovadora la empresa que tiene muchísimas
ideas nuevas sobre su negocio, sino la que es capaz de introducir el
espíritu de la innovación en lo más intimo de su
cultura y de transformar las ideas en realizaciones concretas.
La historia nos
enseña con frecuencia que las sociedades y los pueblos innovadores
lo han sido especialmente por su talante, por su enfoque vital y porque
crear ha llegado a formar parte de su cultura. Y ello les ha llevado
a la acción, porque una cosa es hablar de innovación,
sentir su necesidad, y otra cosa es ser de verdad innovador, llevando
las ideas nuevas a la práctica de cada día. Lo más
difícil es convertir las ideas creativas en hechos reales y beneficiosos
para la empresa.
La innovación
alcanza su categoría cuando es capaz de generar acción
colectiva. Desde esta perspectiva la innovación es una responsabilidad
de todos los departamentos, funciones y empleados de una empresa, porque
primero se genera la idea, después hay que descubrir o, si es
preciso, inventar el camino para llevarla a la práctica, y enseguida
incorporar a otros para hacer el camino juntos. Sólo así
se podrá alcanzar la meta, como el resultado de un esfuerzo compartido,
de un trabajo en equipo.
No se oculta que
sólo se puede compartir el esfuerzo si existe una buena comunicación
entre todos que, al cabo, sea la que genere conocimiento, confianza
y una actitud común y compartida. Es decir, la información
debe fluir sin trabas, con libertad, de arriba abajo, de abajo arriba,
de todos hacia todos, porque para la innovación donde los megas
son realmente necesarios es en cl cerebro de los empleados de la empresa.
Eso sí, con la ayuda que las impresionantes y nuevas tecnologías
facilitan.
En Cruzcampo hen]os
asimilado la necesidad de la innovación y estamos poniendo
los medios para desarrollar una cultura de innovación con el
solo objetivo de convertirnos en una compañía verdaderamente
innovadora, corno se le exige a una empresa líder que tiene la
responsabilidad de crecer y fortalecerse en el mercado. El líder
de un mercado debe ser capaz de crear nuevos conceptos, inventar mejores
procesos y ser el más innovador. Sólo así se puede
aspirar a satisfacer al consumidor.
Un Departamento
de lnnovación viene ya actuando en la canalización y en
el desarrollo de nuevos productos e ideas, siendo la primera vez que
la innovación como tal se incorpora a las diversas funciones
de la empresa. El Consejo de Dirección de Cruzcampo apuesta,
sin embargo, aún más fuerte. Por su decisión ha
surgido este año el Foro de Innovación, un equipo multidisciplinar,
un ágora de encuentro y de motivación que está
poniendo las bases para que a lo largo y a lo ancho de toda nuestra
empresa la creatividad, el cambio a mejor, no sólo sea un acto
de voluntad, sino una actividad beneficiosa y rentable que mejore los
procesos, los productos, el conocimiento de las necesidades de nuestros
clientes y la posición y el prestigio de nuestra industria en
la sociedad española. Al fin y al cabo, no es sólo un
objetivo sino la responsabilidad del líder.