p r i m a v e r a - v e r a n o . 2 0 0 0 . n º 1 3
La espuma de los días

Carlos Delgado

La cerveza es, casi con toda seguridad, la bebida alcohólica más antigua del mundo.

El cereal fermentado, fundamental mente cebada, se bebía en Mesopotamia, y los antiguos egipcios fueron no solo excelentes elaboradores, si no los primeros en reglamentar su elaboración y comercio. Sucesivamente, galos, celtas y sajones perfeccionaron el sistema de fermentación de su "cervoise", hasta cine en el siglo XIII los monjes revolucionaron la técnica y el gusto de la cerveza con el añadido de lúpulo. El hallazgo fue de tal calibre que pronto las cervezas elaboradas por religiosos tan sibaritas alcanzaron fama en toda Europa, logrando la supremacía sobre otras formas más populares de prepararla. Desde entonces, y hasta nuestros días, las cervezas de abadía belgas, país del legendario rey Gambrinus, son una maravillosa reliquia del pasado que siguen ofreciendo al consumidor amante dc lo genuino una bebida celestial, muy afrutada, con un intenso sabor a malta, regustos amargos de lúpulo, y una alta graduación alcohólica que alcanza fácilmente los 9 grados; muy distinta de la cerveza ligera y de baja graduación alcohólica que hoy domina en el mercado.

las cervezas belgas de abadía siguen siendo tan exquisitas como en sus orígenes, algunas elaboradas según recetas y métodos que datan de 1128, como la Lirimbergen; otras, pura y paciente artesanía de los trapenses de Kochefort. Claro que no todas las cervezas que se elaboran bajo la advocación monacal son genuinas; de hecho, algunos sagaces industriales belgas han adquirido viejas propiedades eclesiásticas para dar lustre religioso a su bebida, lo que no quiere decir que carezcan de mérito. Pero donde el efecto unido dcl claustro monacal, el agua pura del lugar, la selección cuidadosa de los cereales y el lúpulo, el religioso mimo en una elaboración que no utiliza ni el gas carbónico ni la pasteurización, alcanza cotas de perfección divina es en los cinco monasterios que hoy pueden lucir con orgullo el calificativo de cervezas "trapenses": Rochefort, WestmaIle, Chimay, Westvleteren, y Orval. Se trata de cervezas de alta concentración de malta, algunas con segunda fermentación en botella gracias al añadido de levaduras, todas con cuerpo, buqué intenso en el que es fácil percibir los recuerdos florales junto a las sensaciones amargas y dulces perfectamente equilibradas, y una riqueza cromática que va desde el oro viejo hasta el caramelo tostado, como el color del bendito monje que la elaboró. Son cervezas de invierno, que se toman a temperatura ambiente o ligeramente frías, capaces de suplir muchas veces con ventaja en una comida a un buen vino tinto joven.

En España, desde luego, las cervezas son más para el verano. Aquí gustamos tomarla muy fría, en el umbral de la congelación, más como un refresco que apague la sed, que como una bebida de milenaria historia, amplio y complejo mundo sensorial, donde la malta y el lúpulo aportan un delicioso paisaje de perfumes, aromas y sabores que los fríos atenúan hasta la desaparición. Pero así son las cosas. Hasta el extremo que si el periodo estival no aporta los calores esperados, el consumo de cerveza se resiente. Es el otro extremo de un consumo que necesita afianzarse en todos los tipos y épocas. Porque existen cervezas "rubias" en nuestro país de excelente calidad, capaces de conjugar el paladar ligero con el sabor intenso, u ofrecer al amante del sabor convencional malteado, el regusto entrañablemente amargo, los sugestivos aromas de lúpulo.

Termina de completar el panorama cervecero las llamadas cervezas "sin" alcohol, una moda que no cesa. Tal avalancha de lo insustancial tiene poca o nula explicación en bebidas como el vino, pero puede estar justificada en las cervezas, sobre todo en nuestro país, donde ha sido considerada más un refresco que una bebida alcohólica. Lo cierto es que la cerveza "sin" es una bebida sana, ligera, y por encima de todo inocua, lo que puede resultar muy recomendable si se busca no sobrepasar la baja tasa de alcoholemia permitida actualmente para conducir, o si las exigencias dietéticas, la prohibición medica tanto coyuntural -por ejemplo en un tratamiento con ansiolíticos o antibióticos- como a largo plazo, las motivaciones religiosas o éticas. etc., nos impiden ingerir alcohol.

Todo parece aunarse para que esta bebida sea un buen sustituto de la habitual cerveza entera, plenamente fermentada, con sus cerca de ¿5% de alcohol, que los españoles consumimos casi el doble que el vino. Y es que las "sin" se parecen cada vez más a las "con". La mejora en los procesos de elaboración hace que las diferencias organolépticas se acorten. Pero es inevitable la diferencia, ya que gran parte del sabor y aromas Peculiares de la cerveza se originan precisamente en el proceso de fermentación, que se interrumpe en las "sin". Diferencias de sabor a parte, lo cierto es que la cerveza "sin" tiene notables ventajas dietéticas sobre sus gemelas "con". Por ejemplo, un bajo contenido en calorías -25- que la convierten en la bebida más ligera después del agua; una notable proporción de vitaminas, sobre todo 81, B2, B6 y PP, así como glúcidos de asimilación lenta como el almidón, y un apreciable aumento de la fibras alimenticias, con sus conocidas virtudes. Claro que el "sin" de la cervezas es relativo), ya que la legislación permite hasta un 1 por ciento de alcohol, cantidad a la que la mayoría de ellas se acercan, con algunas excepciones. Y es que, en algunos casos, sólo un bebedor entendido) será capaz de diferenciarlas. Por lo menos hasta la segunda botella.

CÓMO GOZAR PLENAMENTE DE LA CERVEZA
La cerveza, como toda bebida de calidad exige, para su correcta degustación, respetar ciertas normas que harán posible el gozo de su refrescante sabor. Estos son algunos consejos para saborear bien la cerveza.

-Temperatura más adecuada
La cerveza rubia se debe servir a una temperatura de entre 4º y 6º C. Más fría desarrolla menos espuma por la menor evolución del gas carbónico; más caliente desarrolla una espuma menos consistente.
-Servir la cerveza con el envase congelado
Los vasos, copas o jarras en los que se servirá la cerveza nunca deben estar congelados porque no favorecen la espuma ni su apreciación visual, al tiempo que disminuyen notablemente su aroma.

-Para saber si está bien servida
El brillo de la cerveza, que debe ser intenso, y su perfecta transparencia, junto a una espuma cremosa y atractiva evidencian una cerveza bien servida.

-El aroma característico
Lo primero que debemos apreciar al oler una cerveza es la finura floral del lúpulo y la presencia del cereal tostado (malta). Cuanto más claros y armoniosos, mejor es la cerveza.

-El sabor que se debe apreciar
Para distinguir una cerveza de otra mediante el sabor, hay que tener en cuenta el alcohol. el amargor, el cuerpo, el frescor y la sensación residual agradable que invita a seguir bebiendo.

-Los diferentes colores en la cerveza
El color se obtiene por el mayor o menor tueste del cereal durante el malteado. Los colores -rubia, negra, tostada o blanca- no implican necesariamente ningún sabor asociado.

-Cómo tirar una caña perfecta de Cruzcampo
1. Colocar el vaso limpio y mojado bajo el grifo en posición inclinada (ángulo aproximado 45º).
2. Abrir el grifo sin miedo, con un movimiento rápido y seguro. Dejar que la cerveza resbale por la pared hasta que se cubra el fondo del vaso.
3. Entonces, bajarlo un poco y colocarlo en posición vertical para que el chorro incida sobre la superficie de la cerveza. Bajar el vaso, controlando la formación de espuma.
4. Cuando el vaso esté casi lleno, cerrar el grifo para permitir que se estabilice la corona de espuma, cuyo grosor debe ser aproximadamente de 2 centímetros.
5.Presentar finalmente la caña perfecta al consumidor con el logotipo de Cruzcampo hacia él.