El encanto de Cádiz
radica no sólo en su capital, sino también en sus bonitas
localidades de montaña y marineras. Unas y otras le proporcionan
lo necesario como para atesorar una de las culinarias más variadas
y completas de España. Fundamental es citar su tradición
vitivinícola, centrada de una forma especial en cualquiera de
las variedades de su Jerez.
No hay espacio para describir
la numerosas curiosidades de la actividad económica de la Gadir
romana, pero si para citar los hallazgos arqueológicos que muestran
la pesca del atún en almadrabas, la preparación de los
pescados en salazón y la elaboración del garum, un
condimento muy apreciado en las mesas romanas elaborado con las tripas
de pescados que se ponían con sal y se dejaban macerar. También
el vino, el aceite y el trigo formaban parte de su despensa y de la
que también se beneficiaban los romanos, como la cebolla y ajo.
La presencia de los árabes
y sus aportaciones en la agricultura, como el sistema de riego o la
implantación de nuevos productos, también afectó
a Cádiz. En esta época abundaron las huertas, los viñedos,
los cereales, el ganado bovino y ovino, así como las factorías
de salazón de Tarifa. Además, introdujeron especias como
el azafrán, la nuez moscada, la pimienta negra y una gran variedad
de frutas, entre ellas la naranja amarga, tan clásica de la cocina
andaluza en general. Su aportación en la dulcería es ya
conocida y ha perdurado hasta la actualidad. De esta época son
los alfajores, los almendrados, las varias clases de roscos y platos
salados, como gallina al horno, empanada de zorzales, garbanzada, carne
con miel y arroz con miel. Los árabes, además de convertir
las uvas en pasas, elaboraban vino, a pesar de que su religión
les prohibía beberlo.
En el siglo XIII Cádiz
cuenta con la presencia de los hombres de Alfonso X el Sabio. Éste
repartió tierras y, por ejemplo, obligó a que en tierras
de Jerez se plan taran viñedos. Está claro que le obedecieron.
Una etapa importante fue
el descubrimiento de América y la presencia de Los Reyes Católicos,
ya que Cádiz, que había sufrido un importante bache en
su actividad económica en general tras la dominación musulmana,
recuperó su actividad agrícola y la culinaria se fue enriqueciendo
poco a poco con los alimentos que llegaron a España desde el
Nuevo Mundo, como la patata, el tomate, el pimiento o el chocolate.
A comienzos del siglo XVII,
la actividad en Cádiz recuperó su esplendor con las Ferias
de Campos y Ganados, mercados con una gran variedad de productos de
la huerta, cárnicos y caza. En este siglo aumenta el comercio
con Flandes y marineros de origen flamenco, genovés o catalán
frecuentaban las tabernas concentradas en la calle llamada "Flamencos
borrachos", honor que se les concedió porque eran proverbiales
sus borracheras.
El XVIII fue el siglo de
oro gaditano, debido, entre otras cosas, al comercio que se estableció
con las colonias americanas, proliferando posadas, mesones, cervecerías
y ventas donde se podía degustar la culinaria gaditana más
típica. En esta época ya era tradicional el tapeo. La
bebida se servía en una jarrita que se tapaba con una rodaja
de chorizo u otro embutido.
La pérdida de las
colonias americanas emprobeció a las grandes familias y, de paso,
al resto de los gaditanos. Aun así, siguieron floreciendo posadas,
ventas, mercados o chocolaterías.
Para terminar, hay que
hacer un breve recorrido por los platos más típicos de
la culinaria gaditana. Cada localidad tiene su especialidad, si bien,
y por lo general, el pescado se prepara a la sal, en sobrehúsa,
en amarrillo, frito, en adobo, a la plancha o al horno. Otros platos
típicos son la sopa de gato, la sopa moruna de Cádiz,
el caldillo de perro, la sopa de Grazalema, los espárragos trigueros
de mil maneras, el lomo relleno, el arroz con conejo, los gazpachos
calientes, los potajes de berzas, los diferentes revueltos y tortillas
con los huevos como protagonistas, el rabo de toro sabroso y de resultado
sublime si se elabora bien, la caza menor preparada de muchas maneras
pero siempre con una base sencilla para que el ingrediente principal
prevalezca, la caza mayor, los embutidos y chacinas de la matanza, así
como una gran variedad de ensaladas aliñadas con el magnífico
aceite andaluz y no menos excelentes vinagres de Jerez.
Aunque es un repaso rápido
hay que decir que muchos platos llevan el sobrenombre de la localidad
de donde son típicos: al Jerez, a la roteña, de Chiclana,
de Tarifa, a la gaditana...
Los postres y dulces son
innumerables, desde el tocino de cielo o el flan de arroz con leche,
hasta el turrón de Cádiz, pasando por las diferentes roscas
y rosquillas de almendras, de anises o de jerez, bañadas en miel
y aromatizadas en algunos casos con agua de azahar, matalahúva
y ajonjolí. Otros dulces son el bienmesabe, los alfajores, los
almendrados, los piñonates, los turrones, los bizcochos, el mazapán
y una larga lista de tentaciones locales y conventuales, que se pueden
adquirir directamente en los conventos y que se elaboran muchos de ellos
desde hace siglos.