El Mago alcanzó
el primer plano en la pantalla del televisor y susurró confidencialmente:
-Si tiene usted problemas
que le agobian o está hastiado por una vida que no le satisface,
concédame unos minutos y podrá saber cómo poner
fin a sus preocupaciones...
-Muy fácil es decir
eso, comentó Juan desde su butaca de skay.
-Científicamente
se ha comprobado que la criatura humana desde su nacimiento hasta el
instante que precede a su muerte está inmersa noche y día
en un áurea de espíritu puro.
-Sí, ya.
¿Y tu prima?
-Mi prima también,
aseguró el Mago desde la pantalla. O por lo menos a Juan le pareció
haber oído algo por el estilo. No estaba muy seguro. Sin embargo,
prestó más atención.
-Efectivamente,
prosiguió el Mago con lo suyo, si el espíritu puro que
impera en usted es un espíritu maligno, le caerán sin
remedio toda una serie de infortunios y su vida estará siempre
propensa a la catástrofe...
-Ya será
menos, volvió a interrumpir Juan.
-Mire señor,
si todavía no se ha dado cuenta del verdadero estado de su miserable
existencia, debería decidir antes si le conviene mejor ir a la
óptica más próxima o procurar que esa venda que
tiene ante los ojos no se le caiga jamás.
-Hombre... yo...
-Pero vea o no vea, que
sepa que en cualquier momento la mala suerte se le entrará por
la casa, como posiblemente más de una vez haya comprobado. Y
le aviso que en lo tocante al fario la cosa va en progresión
geométrica. O ¿me equivoco? ¿eh? ¿Me equivoco?
- Pues yo... ¡Qué
le voy a contar!
-Efectivamente. La desventura,
como le coja ley, puede adherírsele como hierro al imán
y no se la podrá quitar de encima de su persona.
- Pues qué porvenir
me espera.
Desde luego el panorama
actual era de lo más desalentador. Con el achaque de la reconversión
lo habían puesto de patitas en la calle, el negocio de ultramarinos
con el que había pretendido si no abrirse paso, al menos tirar,
quebró antes del año y ahora trabajaba por horas descargando
en un almacén sin lograr todavía salir a flote de las
deudas...
- Afortunadamente aquí
está la solución.
- Hombre, menos mal.
- Escriba al apartado de
correos...
- Un momento, a ver...
No encontraba ni un bolígrafo
que escribiese. Ni siquiera un trozo de papel.
-¿Ya?, le preguntó
el Mago cortésmente.
-Sí. Si señor
Pero en eso supremo instante
se oyó el llavín en la puerta y Juan, rápidamente,
quitó el volumen y cambió de canal.
- Así que imagínate
tú, resumió enfáticamente Luisa.
- ¡A ver...!, exclamó
Juan.
- ¿Y a ti qué
te parece? Porque vamos...
