Fotografías: Euromedia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Cartuja 93 era
mucho más que la reutilización del
recinto de la
exposición universal
"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

p r i m a v e r a - v e r a n o. 2 0 0 1. n º 15
La resurreción de la
Isla de la Cartuja

Francisco Rubiales

Cuando la Expo 92 cerró sus puertas, en octubre de 1992, la principal preocupación de las distintas administraciones públicas españolas consistía en rentabilizar las cuantiosas inversiones realizadas en el recinto de la muestra universal.

Aquel objetivo, lógico, encerraba, sin embargo, una enorme dificultad, ya que la economía española, al igual que la mundial, se encontraba sumergida en una crisis económica de grandes proporciones.

Para Sevilla, la crisis era todavía más profunda. La ciudad había vivido artificialmente, gracias a la Exposición Universal de 1992, un semestre de prosperidad falsa. La Expo 92, entre abril y octubre, fue un espacio deslumbrante de exhibición, fiesta y espectáculo que cautivó a millones de visitantes e hizo vivir a Sevilla en una burbuja aparentemente ajena a la crisis mundial.

A finales de 1992, Sevilla tuvo que sumergirse en la dura realidad y pasó traumáticamente de la luz a la sombra, del lujo a la recesión, del protagonismo internacional, con millones de visitantes en las calles, a la lucha solitaria en un caldo de cultivo económica y socialmente dañado. En aquellas circunstancias difíciles y complejas, Sevilla asumió el complejo desafío de reutilizar y dar vida al recinto de la Exposición Universal, a la isla de La Cartuja, un territorio privilegiado, dotado de un diseño urbanístico y arquitectónico de lujo y de infraestructuras avanzadas, pero cuya mayor ventaja era su situación, a escasos cinco minutos a pie del casco histórico de Sevilla, al que quedaba unido por media docena de puentes y pasarelas de reciente construcción.

Cartuja 93

Cartuja 93 nació en el momento en que la Expo 92 quedó clausurada. Fue definido como un proyecto ambicioso del Estado, amparado por la Corona, en el que quedaban integradas todas las administraciones públicas: Gobierno, Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Sevilla y Diputación Provincial de Sevilla. El objetivo era reutilizar la herencia de la Exposición Universal, aprovechándola para generar empleo y riqueza.

El nacimiento de Cartuja 93 estuvo plagado de paradojas y contrastes. El concepto Cartuja 93 era mucho más ambicioso y complejo que la simple reutilización del recinto heredado de la Exposición Universal. Anímicamente, Cartuja 93 representaba no sólo el sueño común de incorporar las infraestructuras heredadas de la Exposición al tejido productivo, sino también el viejo sueño andaluz del despegue científico, tecnológico, de la conquista definitiva de la prosperidad en la frontera del tercer milenio.

Un equipo de investigación dirigido por los prestigiosos profesores Manuel Castells y Peter Hall recibió el encargo de encontrar soluciones para el uso futuro del recinto de la Exposición. En su trabajo, titulado Informe Final del Proyecto de Investigación sobre Nuevas Tecnologías en Andalucía, figura la recomendación de que aquel espacio de excelencia fuera utilizado para crear un parque científico, plagado de batas blancas, capaz de impulsar el I+D andaluz hasta cotas insospechadas.

Aquella apuesta por la tecnología pura no pudo llegar en peor momento. El criterio, por entonces vigente, de que podía reproducirse el fenómeno de Silicon Valley en otros espacios, si se apoyaba en una buena base de ciencia, después resultó inexacto. El cóctel era más complejo de lo que se creía y los ingredientes, más variados y complejos. La crisis económica, la escasa tradición científica de Andalucía y, sobre todo, la evolución de los parques, que relegaron la investigación y se inclinaron más hacia el lado de la industria y la tecnología, convirtieron en intransitable la ruta marcada por Castells.

aralelamente, deslumbrados por la gran adhesión del público local a la Expo 92, cuyo recinto fue prácticamente ocupado por los sevillanos durante la Muestra, se había forjado el proyecto empresarial de instalar en ese mismo recinto un gran parque de ocio, del tipo Disney, capaz de situar a Sevilla en el mapa mundial del moderno entretenimiento y de fortalecerla como destino turístico de primer rango.

El Parque Científico y Tecnológico de Cartuja 93 y el Parque Temático, un núcleo basado en el I+D y un gran parque especializado en ocio avanzado, respectivamente, surgieron así como los dos grandes pilares que debían hacer posible la brillante reutilización del antiguo recinto de la Expo 92.

La etapa de los reveses

Los nervios se hicieron dueños del escenario cuando, en plena crisis económica, Cartuja 93 no lograba despegar. Algunos proyectos pactados durante la celebración de la Exposición como el de la gran biblioteca inteligente del Pabellón de Francia nunca vieron la luz y algunas empresas que habían construido pabellones permanentes con ánimo de reutilizarlos después de la Exposición dieron marcha atrás y abandonaron el recinto, alimentando todavía más el pesimismo que asediaba al proyecto Cartuja 93 desde su nacimiento.
Los únicos programas científicos que llegaban procedían de las administraciones públicas, mientras que la escasez de proyectos empresariales resultaba agobiante. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas se volcó en la Cartuja y sus centros abiertos en colaboración con la Universidad de Sevilla representaron un balón de oxígeno para el Parque. Pero las empresas, en especial aquellas que, por su fuerza y capacidad tecnológica, podían servir de motores de arrastre, brillaban por su ausencia.

El parque de ocio tampoco funcionó satisfactoriamente en su primera versión. La acogida de la población sevillana al proyecto fue entusiasta, pero aquel parque no resistía una mínima comparación con la Exposición Universal, cuyo recuerdo estaba todavía muy presente en la mente de los sevillanos. La adhesión inicial al parque se transformó en frustración y aquel proyecto de ocio tuvo que reconocer su fracaso y cerrar las puertas.

El resurgir de cartuja 93

La crisis de Cartuja duró tanto como el pesimismo económico internacional. En 1998 ya se apreció un cambio importante en la tendencia. Las empresas, muchas de ellas llegadas al Parque durante la etapa de crisis, se fortalecían y mostraban signos de expansión, al mismo tiempo que otras nuevas instituciones y empresas llamaban a las puertas de Cartuja 93 con ánimo de instalarse en su recinto. La operación del Palacio de Italia, el mayor pabellón de la Exposición Universal, después del de España, el país anfitrión, resultó un éxito de gran valor anímico. La Junta de Andalucía invirtió 1.600 millones de pesetas en rehabilitarlo y adaptarlo para que sirviera como centro de empresas. Su éxito de mercado fue fulgurante, ya que mucho antes de abrir sus puertas ya había sido ocupado, mientras que decenas de solicitudes se quedaban fuera por falta despacio. Aquella bocanada de aire fresco para el Parque Científico y Tecnológico era la pura consecuencia directa del cambio de tendencia en la economía española y mundial.

La candidatura olímpica de Sevilla, una ciudad ahora empeñada en lograr ser la sede de unos Juegos Olímpicos, propició la construcción de un moderno estadio de características olímpicas en los terrenos de la Isla de la Cartuja, hecho que también contribuyó a la revitalización de aquellos territorios y a incrementar su vinculación con la ciudad.