La escuela de Hostelería
Gambrinus experimenta e innova en materia de maridaje cervecero.
El origen de la
cerveza se remonta a civilizaciones milenarias. Papiros médicos
hablan de 17 variedades en Egipto y en la antigua china, donde era bebida
de dioses, se elaboraban tres especialidades diferentes. Arsubanipal,
el rey que convirtió al pueblo sirio en una gran potencia, celebró
la inauguración del palacio real de Kalah con un gran banquete
para 7.000 personas, que se prolongó durante 10 días y
tuvo a la cerveza como protagonista.
La cerveza se ha
convertido con el transcurso de los siglos en un elemento partícipe
de la cultura y seña de la identidad nacional de numerosos pueblos.
En muchos países europeos la cerveza ha sido desde siempre un
gran aliado de ciertos manjares. Pensemos en las pintas de Stout con
las que los irlandeses acompañan las ostras. Las Portes con las
que los estibadores del puerto de Londres acompañaban ya desde
su peculiar Revolución Industrial, a mitad del siglo XVIII, la
dieta diaria de salmón o las cervezas belgas Especiales como
mejores aliadas en el crudo invierno de los platos de caza...
En España,
sin embargo, el descubrimiento gastronómico de la cerveza es
algo más reciente. Últimamente nos encontramos restaurantes
que preparan jornadas Gastronómicas sobre "maridaje cervecero"
o relacionadas con la cultura de la cerveza. En nuestro restaurante
de gastronomía cervecera, en la Escuela de Hostelería
Gambrinus de Heineken España, continuamos investigando en esta
línea. Estas son algunas de nuestras experiencias.
Un
nuevo concepto
Para explicar el
concepto de maridaje cervecero repasemos en primer lugar el proceso
de elaboración de la cerveza y sus ingredientes para analizar
los matices que aportan. Los cuatro elementos fundamentales en la elaboración
de la cerveza son el agua, la malta, el lúpulo y la levadura.
Gastronómicamente hablando, los tres elementos más característicos
y en los que podemos basarnos son el lúpulo, que proporciona
amargor a la cerveza, la malta, que dependiendo del tostado le dará
unos aromas u otros y, también, la levadura.
Empecemos con las
cervezas tipo Lager, las más refrescantes, con aromas propios
de sus materias primas (cereales, levaduras..) y un nivel de amargor
redondo. Son las más difíciles de trabajar, ya que al
provocar la pérdida del carbónico se resalta el amargor
del lúpulo y los sabores de oxidación. Este tipo de cerveza
es idóneo para las elaboraciones de escabeches, sustituyendo
el vino por cerveza. Para este escabeche trataríamos de utilizar
caza mayor o caza menor de pluma.
También podríamos
utilizar esta cerveza en la cocción de moluscos y marisco, sustituyendo
parte del agua por cerveza, consiguiendo con ello impregnar un aroma
cervecero a éstos. Complementan, asimismo, muy bien a cierto
tipo de verduras difíciles de maridar con vino, como por ejemplo
las alcachofas y los espárragos.
Dentro de las cervezas
tipo Lager podemos encontrar alguna cerveza algo especial, como Adelscott,
cerveza que emplea en su producción malta ahumada con turba,
al igual que el whisky y a la vez aromatizada por éste. Es posible
utilizar esta cerveza para un salmón cocinado al vacío
y a baja temperatura, imprimiendo en él un aroma cervecero con
un toque ahumado.
Otras cervezas son
las del tipo Ale, de alta fermentación, que dependiendo del grado
de tostado nos dan un gran abanico de aromas y sabores. Maridan muy
bien con pescados azules. También podemos combinarlas con soja
en elaboraciones como sashimi o sushis. En cuanto al sushi, en la Escuela
de Hostelería Gambrinus hemos trabajado en la sustitución
del arroz por cebada, cocida en una combinación de agua y cerveza
de tipo Ale.