Fotografía:
Oficina de Turismo de Rumanía

 

 

 

 

"La casa natal de
Drácula es una afamada cervecería donde se
sirve cela Tapa del Conden, callos
rebozados con una sustancia roja que
mancha boca
y colmillos"

 

 

 

 

 

 

"Bucarest esconde
las primeras
huellas del
Drácula verdadero,
que fue quien
la fortificó y
le dio rango
de capital
"

 

 

 

 

 

2 0 0 6. n º 2 1

Drácula, también bebe cerveza
Francisco Gallardo Uribe

Rumania, la tierra donde el novelista irlandés Bram Stoker situó por casualidad al conde Drácula a finales del siglo XIX, es el país del verdadero Drácula, el príncipe Vlad Tepes, conocido en el siglo XV como El Empalador. Desde Bucarest hasta las sajonas ciudades medievales de Transilvania el rastro de Drácula nos invita a realizar un inquietante recorrido repleto de atractivos.

La figura del voivoda de Valaquia se mitifica a partir de la publicación del Drácula de Stoker en 1897, el mayor best seller de todos los tiempos, la obra en inglés mas leída después de la Biblia y de Shakespeare. El escritor tenía pensado ubicar al protagonista de su obra (que iba a llamarse Conde Wampir) en la Estiria austriaca, pero al final se decidió por Transilvania tras leer unos artículos sobre esta región en la biblioteca del British Museum y, posiblemente, algunas crónicas sobre la figura del Empalador. Porque, a pesar de las evidentes referencias y coincidencias geográficas entre la obra literaria y la realidad, el novelista nunca estuvo en esta parte del mundo.

Bucarest es "París y Calcuta, todo junto y revuelto". Punto de encuentro de Oriente y Occidente, la ciudad esconde para el viajero las primeras huellas del Drácula verdadero, que fue quien la fortificó y le dio rango de capital. Por su barrio latino pasa la Calea Victoria, una de las más ajetreadas arterias de la ciudad, antigua salida hacia Estambul que nace en la fabulosa Piata Unir;;. Desde la plaza, atravesada por el río Dambovita, el visitante contempla un inmenso edificio que mandó construir el dictador Ceaucescu para instalar allí la totalidad de su gobierno y al que se accede tras una enorme avenida. Hoy sede del Parlamento rumano, es el segundo edificio más grande del mundo tras el Pentágono estadounidense. Para su construcción se hizo desaparecer uno de los barrios más antiguos de Bucarest, con airosas mansiones decimonónicas como la erigida por el gobernador turco Alexandru lsilante sobre las ruinas del palacio de Tepes.

Vlad Tepes, príncipe Dracul, es el patrón laico de la ciudad. La leyenda cuenta que Bucarest, Alegría, la fundó el pastor Bucur, que construyó su cabaña a orillas del Dambovita. Pero está documentalmente comprobado que Tepes firma en 1459 el primer documento conocido que la menciona como ciudad. En un lateral de la Piata Unii;, junto a la posada Manul Manuc, (quizá el lugar más interesante para alojarse en la ciudad), se levantan los restos de la Curtea Veche, la Corte Vieja. Hoy quedan las ruinas de lo que fue una fortaleza levantada por El Empalador: su busto preside vestigios de algunas habitaciones, arcos y columnas.

La escalera de 1.450 peldaños

Nos dirigimos entonces a la otra Corte draculiana, Curtea de Arges, situada en la estribación meridional de los Cárpatos, a 130 kilómetros al noroeste de la capital. Allí, en la cuenca del río Arges, en Poienari, se levanta un solitario castillo sobre un picacho de los Cárpatos: el único verdadero y documentado, y el mejor conservado de todos los atribuidos al Empalador. Se trata de una pequeña fortaleza, casi inaccesible, desde donde el prÍncipe controlaba las vecinas ciudades sajonas de Transilvania, prósperas y florecientes durante toda la Edad Media. Para acceder al castillo hay que subir la famosa Escalera de Drácula con 1.450 peldaños.

Nos adentramos, pues, en Transilvania y, en busca de los orígenes de nuestro príncipe, pasamos por una de las más hermosas ciudades del país, la medieval y sajona Sibiu, donde descansan los restos de uno de los hijos de Tepes. La Piata Mica, prácticamente desierta durante todo el día, conserva un bonito conjunto de casas del siglo XV donde curtidores, peleteros y orfebres tenian sus tiendas.

Y así llegamos hasta Sighisoara, bisagra entre Transilvania y Valaquia o, en el siglo XV, entre Hungría y los confines occidentales del imperio turco. Parada principal de trenes mítico s como el Orient Express en el largo trayecto de Budapest a Bucarest. Única ciudad medieval habitada de la Europa actual, hogar familiar de Drácula. Fue la antigua Schesspurch y luego la Zegisvar húngara, la sajona Wietemberg y Schoessburg, para pasar a ser bautizada por Vlad Tepes con su nombre valaco, Sighisoara.

El punto cero del enclave histórico es la Piata Cetati, bonito lugar enmarcado de caserones antiguos, que se alarga hasta un mirador desde el que se divisa el resto de la fortaleza: arcaicas siluetas de agujas, bastiones y torreones. En el centro destaca una casona de color ocre amarillenta. AquÍ vivió el conde Dracul, padre de Vlad, armado por el emperador Segismundo caballero de la Orden del Dragón, en rumano Dracul, palabra que también significa "el diablo". Y se piensa que aquÍ nació su hijo Tepes, Drácula (con el sufijo rumano afea significa "hijo del Diablo"). Hoyes afamada cervecería donde se sirven callos rebozados con una sustancia roja que mancha la boca y los colmillos, y vienen en llamar Tapa del Conde.

Al fondo de la plaza se erige desde el siglo XIV la torre del Reloj, símbolo de Sighisoara y bastión principal de la Ciudadela. La parte superior dispone de un ingenio electromecánico conectado a una serie de figuras alegóricas de los días de la semana que se mueven con las horas. En su interior, el Museo de Historia presenta importantes documentos y curiosidades relacionados con Tepes. Toda la zona es un museo al aire libre, donde quedan representados los clásicos estilos arquitectónicos medievales: una antigua iglesia evangélica y, más allá de una mansión veneciana con los típicos perdiles adriáticos, una escalera de madera construida en 1642 con ciento setenta y seis peldaños permite acceder a la antigua iglesia gótica de la Colina.