Rumania,
la tierra donde el novelista irlandés Bram Stoker situó
por casualidad al conde Drácula a finales del siglo XIX, es el
país del verdadero Drácula, el príncipe Vlad Tepes,
conocido en el siglo XV como El Empalador. Desde Bucarest hasta las
sajonas ciudades medievales de Transilvania el rastro de Drácula
nos invita a realizar un inquietante recorrido repleto de atractivos.
La figura del voivoda
de Valaquia se mitifica a partir de la publicación del Drácula
de Stoker en 1897, el mayor best seller de todos los tiempos, la obra
en inglés mas leída después de la Biblia y de Shakespeare.
El escritor tenía pensado ubicar al protagonista de su obra (que
iba a llamarse Conde Wampir) en la Estiria austriaca, pero al final
se decidió por Transilvania tras leer unos artículos sobre
esta región en la biblioteca del British Museum y, posiblemente,
algunas crónicas sobre la figura del Empalador. Porque, a pesar
de las evidentes referencias y coincidencias geográficas entre
la obra literaria y la realidad, el novelista nunca estuvo en esta parte
del mundo.
Bucarest es "París
y Calcuta, todo junto y revuelto". Punto de encuentro de Oriente
y Occidente, la ciudad esconde para el viajero las primeras huellas
del Drácula verdadero, que fue quien la fortificó y le
dio rango de capital. Por su barrio latino pasa la Calea Victoria, una
de las más ajetreadas arterias de la ciudad, antigua salida hacia
Estambul que nace en la fabulosa Piata Unir;;. Desde la plaza, atravesada
por el río Dambovita, el visitante contempla un inmenso edificio
que mandó construir el dictador Ceaucescu para instalar allí
la totalidad de su gobierno y al que se accede tras una enorme avenida.
Hoy sede del Parlamento rumano, es el segundo edificio más grande
del mundo tras el Pentágono estadounidense. Para su construcción
se hizo desaparecer uno de los barrios más antiguos de Bucarest,
con airosas mansiones decimonónicas como la erigida por el gobernador
turco Alexandru lsilante sobre las ruinas del palacio de Tepes.
Vlad Tepes, príncipe
Dracul, es el patrón laico de la ciudad. La leyenda cuenta que
Bucarest, Alegría, la fundó el pastor Bucur, que construyó
su cabaña a orillas del Dambovita. Pero está documentalmente
comprobado que Tepes firma en 1459 el primer documento conocido que
la menciona como ciudad. En un lateral de la Piata Unii;, junto a la
posada Manul Manuc, (quizá el lugar más interesante para
alojarse en la ciudad), se levantan los restos de la Curtea Veche, la
Corte Vieja. Hoy quedan las ruinas de lo que fue una fortaleza levantada
por El Empalador: su busto preside vestigios de algunas habitaciones,
arcos y columnas.
La
escalera de 1.450 peldaños
Nos dirigimos entonces
a la otra Corte draculiana, Curtea de Arges, situada en la estribación
meridional de los Cárpatos, a 130 kilómetros al noroeste
de la capital. Allí, en la cuenca del río Arges, en Poienari,
se levanta un solitario castillo sobre un picacho de los Cárpatos:
el único verdadero y documentado, y el mejor conservado de todos
los atribuidos al Empalador. Se trata de una pequeña fortaleza,
casi inaccesible, desde donde el prÍncipe controlaba las vecinas
ciudades sajonas de Transilvania, prósperas y florecientes durante
toda la Edad Media. Para acceder al castillo hay que subir la famosa
Escalera de Drácula con 1.450 peldaños.
Nos adentramos,
pues, en Transilvania y, en busca de los orígenes de nuestro
príncipe, pasamos por una de las más hermosas ciudades
del país, la medieval y sajona Sibiu, donde descansan los restos
de uno de los hijos de Tepes. La Piata Mica, prácticamente desierta
durante todo el día, conserva un bonito conjunto de casas del
siglo XV donde curtidores, peleteros y orfebres tenian sus tiendas.
Y así llegamos
hasta Sighisoara, bisagra entre Transilvania y Valaquia o, en el siglo
XV, entre Hungría y los confines occidentales del imperio turco.
Parada principal de trenes mítico s como el Orient Express en
el largo trayecto de Budapest a Bucarest. Única ciudad medieval
habitada de la Europa actual, hogar familiar de Drácula. Fue
la antigua Schesspurch y luego la Zegisvar húngara, la sajona
Wietemberg y Schoessburg, para pasar a ser bautizada por Vlad Tepes
con su nombre valaco, Sighisoara.
El punto cero del
enclave histórico es la Piata Cetati, bonito lugar enmarcado
de caserones antiguos, que se alarga hasta un mirador desde el que se
divisa el resto de la fortaleza: arcaicas siluetas de agujas, bastiones
y torreones. En el centro destaca una casona de color ocre amarillenta.
AquÍ vivió el conde Dracul, padre de Vlad, armado por
el emperador Segismundo caballero de la Orden del Dragón, en
rumano Dracul, palabra que también significa "el diablo".
Y se piensa que aquÍ nació su hijo Tepes, Drácula
(con el sufijo rumano afea significa "hijo del Diablo"). Hoyes
afamada cervecería donde se sirven callos rebozados con una sustancia
roja que mancha la boca y los colmillos, y vienen en llamar Tapa del
Conde.
Al fondo de la plaza
se erige desde el siglo XIV la torre del Reloj, símbolo de Sighisoara
y bastión principal de la Ciudadela. La parte superior dispone
de un ingenio electromecánico conectado a una serie de figuras
alegóricas de los días de la semana que se mueven con
las horas. En su interior, el Museo de Historia presenta importantes
documentos y curiosidades relacionados con Tepes. Toda la zona es un
museo al aire libre, donde quedan representados los clásicos
estilos arquitectónicos medievales: una antigua iglesia evangélica
y, más allá de una mansión veneciana con los típicos
perdiles adriáticos, una escalera de madera construida en 1642
con ciento setenta y seis peldaños permite acceder a la antigua
iglesia gótica de la Colina.
