Si décadas
de "comer por comer" han situado a los EEUU en los primeros
puestos del mundo en incidencia de obesidad (¡el 60% de la población
tiene exceso de peso y un 30% son obesos!), la pérdida de los
hábitos tradicionales en alimentación -3 comidas al
día tomadas ante una mesa y una dieta rica en productos frescos-
está empezando a generar en nuestro país y en otros
países mediterráneos una epidemia de obesidad inédita
en la Historia.
Ni las campañas
oficiales ni las dietas "milagrosas" parecen capaces de
dar la vuelta a esa tendencia, cuyas consecuencias para la salud (enfermedad
cardiovascular, diabetes, hipertensión, ictus e incluso riesgo
de ciertos cánceres...) hacen prever a los economistas la quiebra
de los sistemas sanitarios occidentales. ¿Un problema sin solución?
La escritora y
gourmet francesa Mireme Guiliano, consejera delegada de Clicquot Ine.
(subsidiaria del champán Veuve Clicquot en los EEUU), ha propuesto
a los americanos una medida sorprendente: convertirse en gourmet para
conservar la línea.
"La comida
es uno de los mejores placeres de la vida" -afirma esta mujer,
autora del best seller Por qué las mujeres francesas no engordan:
el secreto de comer por placer-. "Comer como un robot o de forma
automática no es comer, es engullir, y engullir es sinónimo
de exceso de peso. Los habitantes de los países mediterráneos
seríamos estúpidos si abandonáramos siglos de
civilización gastronómica y empezáramos a imitar
comportamientos que significan una vuelta atrás en la evolución
cultural", añade.
En el libro de
Guiliano no se habla nunca de calorías. El consejo se reduce
a: "Trátate bien, come sólo buenos alimentos, relájate
y saborea cada bocado de forma consciente".
El neurocientífico
norteamericano Will Clower, que ha vivido en Francia varios años,
confiesa que ha interiorizado la forma de comer de los franceses y
se ha sumado al carro del "sabor y saber" que propone Guiliano.
Ahora imparte clases sobre "la forma sana de comer de los países
mediterráneos" a empleados de importantes compañías
estadounidenses. Las clínicas de adelgazamiento más
elitistas de Nueva York, San Francisco o Hollywood ya han empezado
a aplicar la lección, y sus mesas y menús parecen salidos
de restaurantes de la Rive Gauche.
Y es que para
los que están hartos de contar calorías y de evitar
hidratos de carbono, la idea de perder peso "comiendo bien"
es sumamente tentadora. "Ello no significa complicarse la vida
ni arruinarse", aclara Guiliano. "Cuando estés con
tus amigos o amigas, incluso aunque tomes una ensalada o un sándwich
al mediodía, mira lo que te sirven, observa su calidad, come
lentamente, conversa, deja espacio entre los bocados", añade.
Ese tipo de actitud
parece tener un efecto. En Francia, sólo el 11% de la población
es obesa. En España, la tasa de obesidad es del 14% (aunque
aumenta peligrosamente, en especial entre los niños y adolescentes,
los más vulnerables a la influencia de la comida rápida).
"A pesar del aumento de las tasas de obesidad en Europa, cuando
los turistas norteamericanos viajan a la VE, siguen asombrándose
del escaso número de obesos que ven en las calles", afirma
Will Clower.
La teoría
de Guiliano está basada en su experiencia personal. De adolescente
se fue a estudiar a EEUU, donde se aficionó a una dieta casi
exclusiva de galletas, barritas dulces y chocolate. De vuelta a Francia,
el médico de la familia (al que ella llama "Doctor Milagro"),
le hizo ver que el estilo de alimentación de las mujeres de
su país era la mejor receta para conservar la línea.
"Los consejos que me dio pueden resumirse en estos puntos",
explica Mireille:
1. Toma tres comidas al día (incluido un buen desayuno).
2. Vigila las raciones. Comer bien no quiere decir hartarse.
3. Come verduras y frutas frescas todos los días.
4. Condimenta bien los
platos y emplea especias, hierbas aromáticas, vinagres aromáticos,
aceites de calidad...
5. Presenta cada plato con gusto (colocar estéticamente
los ingredientes de una ensalada apenas lleva 3 minutos más
que ponerlos de cualquier modo). 6. Si te apetece, saborea
una copa de vino o cava (o una cerveza) con la comida o la cena.
7. No comas nunca deprisa y hazlo siempre sentada (mejor acompañada).
8. Pon la mesa con esmero, aunque comas sola.
9. Vete caminando a todas partes.
10. Concédete un capricho de vez en cuando, pero no
para hartarte, sino para saborear conscientemente lo que tomas.
Con esos consejos,
Guiliano perdió los kilos de más y no ha vuelto a engordar
en 30 años. Y ello a pesar de que su puesto en Clicquot la
obliga a comer en restaurantes unas 300 veces al año. "En
cada comida tomo los dos platos, no soy de las que se conforma con
una ensalada yagua mineral", aclara. Se jacta de no pasar hambre
ni tener listas de alimentos prohibidos. "Por ejemplo, me encanta
el helado", confiesa. "Por eso, pido helado de postre, pero
sólo tomo un par de cucharadas y las combino, por ejemplo,
con fresas u otras frutas. Eso es suficiente para interiorizar su
sabor y vencer la tentación. Sé que habrá más
helados en otras comidas, que no tengo por qué engullir un
bol entero".
Sin duda, el método
que propone Guiliano para mantener la línea es mucho más
fácil y apetecible que las dietas rígidas, aburridas
y frustrantes a las que la mayoría de la gente suele someterse.
"Les miras a la cara y ves que lo están pasando mal, que
están deprimidos", dice ella. "Podrían no
sentirse así si cambiaran su actitud y pensaran en comer con
gusto en vez de engullir sin saborear y luego ponerse a régimen
una y otra vez".