Ante la sencilla
pregunta de quién fue el primer hombre que dio la vuelta al mundo
podríamos lIevarnos una gran sorpresa, pues pocos saben que fue
el marino español Juan Sebastián Elcano en 1522. Al finalizar
la Exposición Universal Sevilla 1992, se comprobó que
sólo un 3% de los visitantes conocía de antemano la respuesta
correcta. La mayoría atribuía la hazaña a marinos
ingleses. .
Mientras tanto,
en el ya desvencijado Puerto de Indias de Expo 92, aquella réplica
de la nao Victoria que a tantos atrajo durante la muestra universal,
se deterioraba por momentos ante la pasividad de todos sin saber realmente
qué se podía hacer con ella. Sus 'hermanas' de conmemoración,
las famosas Pinta, Niña y Santa María (que también
es nao) habían corrido mejor suerte. Las seis -sí, porque
fueron seis, tres y tres- tomaron unas rumbo a Huelva, donde reivindican
a diario la gesta colombina, y las otras tres navegaron hacia América,
donde permanecen ancladas en la localidad de Corpus Christi.
La empresa pública
Agesa, encargada de gestionar buena parte del legado patrimonial del
recinto de Expo 92, es la propietaria de la Victoria. Durante años
no encontró ni justificación ni medios para insistir en
la relevancia de que un español de Guetaria fuera el primero
en circunvalar el globo.
Aichi
2005, la salvadora
La Exposición
Universal de 2005 en la ciudad japonesa de Aichi sería la salvación.
España decidió participar con un gran pabellón
y la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales (SEEI) aprobó
en 2002 que la Victoria formara parte de la presencia española.
Para ello fue necesario reformar y equipar la embarcación, ya
que no es igual estar anclada a orillas de la Cartuja, en el Guadalquivir,
que navegar por el Atlántico, el
Caribe, el Pacífico,
el Mar de la China, el indico, el Mar Rojo y el Mediterráneo.
Fue necesaria una inversión de 2.350.000 de euros para acometer
este grandioso proyecto.
Ignacio Fernández
Vial, perito naval, sevillano de 64 años, es una persona clave
del proyecto. Con motivo de la exposición sevillana del 92 recibió
el encargo del entonces Presidente de la Sociedad Estatal Expo 92, Jacinto
Pellón, de dar vida a las carabelas Pinta y Niña y a la
nao Santa María, y conseguir que en un periplo de tres años
mostrasen al mundo quiénes habían sido los artífices
de las grandes gestas descubridoras en los siglos XV y XVI. Autor del
proyecto histórico de la nao Victoria y constructor de la misma,
Fernández Vial ha publicado libros y estudios sobre la náutica
española.
El calor sevillano
del mes de julio de 2004 aprieta y la nao Victoria está dispuesta
a hacerse a la mar; la hora de la verdad ha llegado. Atrás queda,
muy lejos, aquel 22 de noviembre de 1991, cuando este mismo barco fue
botado en Isla Cristina (Huelva) y a los 24 minutos, ante los atónitos
ojos de cientos de asistentes, volcó. A la segunda tenía
que ser distinto. Desde julio hasta octubre de 2004 se realizaron "las
pruebas de mar", consistentes en navegar con la nao en pequeñas
singladuras, no lejos de la costa, y así comprobar el perfecto
estado de la embarcación. Todo controlado: la nao Victoria estaba
lista para asumir el reto, un viaje con fecha de salida en 2004 y llegada
en 2006.
La
tripulación
Cuando antaño
se reclutaban las tripulaciones para estos viajes de mar, eran muchos
los marinos que poblaban nuestras costas; la mayoría, deseosa
de mejorar su suerte, otros de poner "mar de por medio" y
hasta hombres de armas en busca de gloria y grandes conquistas. Ahora,
en pleno siglo XXI, las cosas no serían tan fáciles.
La tripulación
debía estar compuesta únicamente por civiles y pocos estaban
dispuestos a dejar casa y trabajo durante dos años. Empezaba
otra aventura: encontrar 18 valientes. Se hizo una búsqueda vía
correo electrónico, a la que respondieron más de 200 personas,
curiosamente todos varones. De todos ellos, los elegidos fueron hombres
de diferentes profesiones, desde un médico hasta un piloto marino,
pasando por un antropólogo y un policía local. Todos son
voluntarios y no perciben sueldo alguno por participar en la aventura.
Manuel Murube, sevillano
y marino mercante, es el capitán de la nao. Para controlar esta
embarcación día y noche se han programado tres jefes de
guardia y tres guardias de cinco hombres. En la Victoria todo el mundo
trabaja. Además, desde tierra, otras dos personas dirigen el
proyecto. Las "guardias de cubierta" son iguales a las de
la época de Elcano: cuatro de guardia y ocho de descanso. Lo
único que varía es que el descanso se realiza en las literas
de la bodega, mientras que en el primer viaje la marinería dormía
en cubierta, ya que las bodegas iban llenas de víveres y agua.
De los 18 marineros actuales, 15 son andaluces. Completan la expedición
un vasco, un catalán y un madrileño.
El muelle sevillano
de las Delicias despidió a la Victoria el 12 de octubre de 2004,
con la presencia de los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía.
Con un año y medio de viaje por delante, la nao Victoria navegó
Guadalquivir abajo buscando Sanlúcar de Barrameda tal y como
hicieron los tripulantes a las ordenes del portugués Fernando
de Magallanes en 1519. La primera escala fue la isla canaria de Tenerife,
donde todo se puso a punto para el gran salto: cruzar el Atlántico
rumbo a Cartagena de Indias.
