Fotografía: Ciudad de Bratislava

 

 

 

 

"En su catedral gótica
de San Martín se celebraron hasta 19 coronaciones, que
eran secundadas con bailes, conciertos y
desfiles en toda la
ciudad y que aún
hoy se conmemoran
en las populares
Fiestas de la Coronación
"

 

 

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Bratislava, la bella sobre el Danubio
Carmen Bassy

Con la elegancia y discreción que le prestan siglos de historia, la actual capital de la República Eslovaca abre hoy sus puertas al turismo, y expone en todo su esplendor las joyas y monumentos que son tetigo de sus años de gloria como capital del Reino de Hungría

Si algo caracteriza a esta encantadora ciudad es su pasado aristócrata y festivo. No en vano, durante trescientos años fue el centro de Hungría, y en su catedral gótica de San Martín se celebraron hasta 19 coronaciones, que eran secundadas con bailes, conciertos y desfiles en toda la ciudad y que aún hoy se conmemoran en las populares Fiestas de la Coronación. Pero lo cierto es que su origen es mucho más remoto, ya que en él se funden herencias celtas, romanas y germánicas, además de haber conocido invasiones turcas y haber formado parte del eslavo Reino de la Gran Moravia.

En los últimos tiempos, favorecida por los escasos kilómetros que la separan de Austria y la actual Hungría, Bratislava ha experimentado un espectacular desarrollo comercial e industrial que ha llamado la atención de un turismo aún tímido pero en crecimiento constante, interesado en disfrutar de su casco antiguo y sus bellos conjuntos de edificaciones, entre las que conviven diversos estilos arquitectónicos. Bratislava es además, con sus 400.000 vecinos, la ciudad más densa de la nación, sede de su Presidencia y del Parlamento Nacional de la República.

Un pasado de esplendor

La importancia estratégica de esta ciudad, que hoy dibuja parte de la frontera suroeste de la República eslovaca, ha sido clave de su esplendoroso pasado. Situada en las estribaciones de los Bajos Cárpatos, y a orillas del Danubio, fue escenario de grandes batallas y sonados acuerdos, como la Paz de Presburgo, firmada en 1805 en el Palacio Primacial, un majestuoso palacio de color rosa y estilo clásico, cuyo salón de espejos resultaba por otro lado un lugar idóneo para bailes de coronación. Porque donde es más evidente la huella del pasado en esta ciudad es sin duda en los castillos, palacios, mansiones y casas burguesas de marcado acento barroco y rococó, adornados con patios románticos y bellos pórticos, que fueron residencia de nobles y cortesanos de los reyes húngaros entre 1563 y 1830.

Esta época dorada fue el origen también de la sólida relación que estableció la ciudad con la cultura y el arte, y que la erigió como uno de los centros culturales de Centroeuropa. Los museos de la ciudad son sorprendentemente ricos y la ópera del Teatro Nacional Eslovaco es excepcional, aunque existen otros muchos escenarios como el Malá scéna, el Teatro Estatal de Marionetas y Títeres, o el teatro Taif Radosínske naivné divadlo. La ciudad mantiene además una histórica predilección por la música, que hoy se refleja en las Fiestas Musicales de Octubre o en el festival de jazz "The Bratislava ]azz Days" de septiembre, y que en el pasado atrajo a concertistas como Mozart, Haydn, Beethoven, Liszt o Rubinstein. Entre otras actividades, el visitante actual también puede conocer el Festival de Rock de Primavera o participar de los Festejos de la Vendimia en septiembre

Los habitantes de la conocida como "La Bella sobre el Danubio" participan de la herencia multicultural que les ha donado la historia, y se caracterizan por su carácter hospitalario, amante de su ciudad, que muestran con orgullo al visitante. De su mano podemos disfrutar de un relajante paseo por las vides rodean la urbe y que configuran el "Camino del Vino", o dedicar unas horas a visitar alguno de los atractivos centros comerciales distribuidos por el centro de la ciudad, continuar la caminata por alguno de los parques o jardines existentes, o escoger una de las terrazas con las que cafeterías y bares adornan un buen número de las calles del centro.

Las estrechas vías peatonales del casco antiguo, colorista y acogedor, guardan tesoros a la vuelta de cada esquina, en sus pequeñas plazas y adornados arcos. Callejeando, percibimos cierta semejanza con otras ciudades europeas como Viena o Budapest, así como con muchas otras vinculadas al Imperio Austro-Húngaro, y podemos también seguir los pasos de los reyes durante las ceremonias de coronación, siguiendo las pequeñas coronas de latón encajadas en los adoquines.

Si desea conocer de cerca las joyas arquitectónicas de la ciudad, además del mencionado Palacio Primacial, el visitante puede acercarse al Palacio de Mirbach, frente a la Iglesia de los Franciscanos, uno de los edificios de estilo rococó más bonitos de la ciudad, que acoge las exposiciones de la Galería de Bratislava. Por su parte, el Palacio Grassalkovich, actual residencia del presidente de la República, mantiene abierto al público su hermoso jardín barroco. Otra visita interesante y bien distinta puede ser la Iglesia modernista de Santa Isabel, también conocida como la Iglesia Azul, o el edificio de la Alcaldía Antigua, desde el cual se organizó la vida de la ciudad durante 500 años, y que se compone de un conjunto singular de varias construcciones en el que conviven diversos estilos.