"Cuando lo privado y lo público convergen en la búsqueda del interés ciudadano se alcanzan las más altas cotas de progreso y bienestar social"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 0 0 7. n º 2 2

Ejemplo de colaboración

Carlos de Jaureguízar

La Exposición Universal Sevilla 92 y los juegos Olímpicos de Barcelona son dos ejemplos cercanos y precisos sobre la efectividad del trabajo coordinado entre las instituciones públicas y las privadas. En ambos casos el éxito fue posible porque gobiernos, ayuntamientos y entidades internacionales sumaron esfuerzos y supieron agregar, de forma inteligente, la entusiasta aportación del sector empresarial.

La razón está, sin duda, en la capacidad de persuasión y liderazgo que tengan los proyectos. Es más, creo que el éxito de un proyecto responde en gran medida a la capacidad que tenga para cautivar al mayor número posible de públicos interesados -los llamados stakeho/ders-, de modo que los predisponga a colaborar de buen grado en el éxito. Es precisamente la visión una vez que supera los primeros inconvenientes de los detractores o incrédulos iniciales la que, como digo, arrastra a todos los que hayan de intervenir para que un proyecto llegue a buen puerto.

No es fácil en nuestro país que entramados administrativos complejos, a veces gobernados desde ópticas contrapuestas, se pongan a remar juntos en el mismo barco con igual ímpetu y capacidad de entrega. Pero en ocasiones, el bien común y la oportunidad histórica exigen no sólo el consenso en las metas, sino la cooperación para lograrlas.

La nueva fábrica de Heineken España en Sevilla, que a finales de 2007, estará a pleno rendimiento, me ha recordado los ejemplos de Expo 92 y de los juegos Olímpicos del mismo año, los dos mayores acontecimientos organizados por nuestro país, por lo que significa de conjunción de voluntades, físicas e institucionales para la puesta en marcha de un gran proyecto de desarrollo comunitario. Aunque en el caso de nuestra nueva fábrica, además del abismo presupuestario, existe una clara diferencia con los dos grandes acontecimientos de 1992 señalados: los esfuerzos organizadores de la Muestra Universal y de los juegos de Barcelona recayeron sobre administraciones públicas. Sin embargo, ahora es la empresa privada la que lidera y soporta el gran peso del proyecto. Eso sí, con la comprensión, el aliento y el apoyo entusiasta tanto del Ayuntamiento de Sevilla, como de la junta de Andalucía y del Gobierno de la Nación.

Cuando los vectores público y privado se unen la fuerza resultante es invencible y supera todo tipo de dificultades. Nuestra nueva fábrica de Sevilla es un clarísimo ejemplo de que cómo accionistas, empresarios, políticos, trabajadores, investigadores, académicos, técnicos y medios informativos han aglutinado sus voluntades para sacar adelante una empresa modelo de lo que debe ser la colaboración entre la iniciativa privada y la pública.

La nueva fábrica de Sevilla supone la mayor inversión privada realizada en Andalucía y el más importante proyecto técnico emprendido de una sola vez por el Grupo Heineken. Por fortuna, en el escenario de la capital hispalense, a la que cada día nos sentimos más orgullosos de pertenecer, han sonado desde el primer momento palmas acompasadas, fruto de la ilusión de una sociedad que apostó enseguida por el progreso y por el cariño hacia una de sus marcas más emblemáticas, Cruzcampo.

Sevilla creyó en Heineken y Heineken en Sevilla. Poderosas razones para convencer a los accionistas de nuestro Grupo de la necesidad de realizar una inversión de 320 millones de euros, que potencia a la capital andaluza como la gran ciudad cervecera del Sur de Europa. La idea también caló pronto en los trabajadores de Heineken España, sin cuyo compromiso, generosidad y esfuerzo no se hubiera podido flotar este 'barco cervecero', que mantiene la velocidad y el rumbo previstos.

En la Universidad Pablo de Olavide se tomaron muy en serio la nueva fábrica de Sevilla, cuyo impacto en la economía andaluza duplica a lo largo de cuatro años la inversión realizada por Heineken España. El alcalde sevillano, Alfredo Sánchez Monteseirín, siempre ha mostrado su satisfacción por la magnitud del proyecto y porque Heineken España decidiera construir su nueva fábrica dentro del término municipal de Sevilla. "No sólo Cruzcampo se queda", ha repetido el regidor hispalense en diversos foros, "sino que también se ha traído Heineken a Sevilla".

Tanto el Ayuntamiento de la ciudad como la junta de Andalucía han dado facilidades para que el buque insignia de la primera cervecera española se quedara en Sevilla. Y no sólo por la extraordinaria importancia de la inversión, sino por la estrecha vinculación de Andalucía con Cruzcampo, de cuyo legado centenario nos sentimos herederos y continuadores. Ha sido una respuesta colectiva ejemplar, a la que también sumamos agradecidos el apoyo entusiasta de decenas de empresas colaboradoras, que en estas fechas culminan la edificación de la fábrica o ponen a punto la maquinaria que ya mismo producirá cerveza.

Son motivos de suficiente calado para que la nueva fábrica de Heineken España en Sevilla, la más moderna de Europa y posiblemente del mundo, sea objeto de inminente estudio en universidades y escuelas de negocio. Pero hay otro aspecto más que, junto a la ejemplar colaboración de las administraciones públicas con la iniciativa privada, convierte este proyecto en un excelente caso de estudio científico.

Lo ordinario es que Heineken España hubiese contratado la nueva fábrica de Sevilla 'llave en mano'; es decir confiando todo el proceso, desde el diseño a la ejecución y puesta en funcionamiento de la factoría, a empresas externas. La grandeza del proyecto y la conveniencia de no desviar energías del objetivo empresarial básico (fortalecer el liderazgo en el mercado cervecero nacional) hubiera bastado para justificar la contratación de especialistas fuera de la casa. Lo extraordinario del caso es que Heineken España ha abordado desde dentro y con su gente, solidaria y generosa en esfuerzos, la maravillosa aventura de convertir a Sevilla en una de las grandes capitales cerveceras del mundo.

Ninguno de los hombres y mujeres implicados en la nueva fábrica de Sevilla renunció a sus tareas cotidianas. Todos ellos se sienten orgullosos de participar en un proyecto grandioso, en una oportunidad profesional difícilmente repetible. Su respuesta ha sido ejemplar. Ello ha permitido que, al mismo tiempo, que poníamos en pie la nueva 'catedral' cervecera, Heineken España superara sus objetivos comerciales y financieros. Mi agradecimiento a todos los colaboradores de este magno proyecto, que demuestra que cuando lo privado y lo público convergen en la búsqueda del interés ciudadano se alcanzan las más altas cotas de progreso y bienestar social.