"El 'teatro pub' es u na sana alternativa
a los aspavientos
de neón del teatro
más comercial"

 

 

 

 

 

 

 

 

"Tennessee Williams
salia casi todas las
noches a caminar por la calle Delmer con
su hermana para luego detenerse a tomar
la cerveza de raíces
que les gustaba con
locura y rematar
la noche mirando vidrieras"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 0 0 7. n º 2 2

La cerveza tras el telón
Sebastián Taberna

La simbiosis entre el lúpulo y el escenario nos lleva directamente al mayor dramaturgo de todos los tiempos: William Shakespeare, quien amó y se inspiró en la cerveza para escribir sus obras y cuya tradición continúa viva en los actuales 'teatro pubs' londinenses

Como todo el que la haya ingerido en cantidad suficiente bien sabe, la cerveza es un potente lubricante social que nos acerca al otro, cobrando gran protagonismo en los -no siempre fáciles- eventos sociales. En unos tiempos en los que la premisa diaria es la duda eterna, la cerveza es el dulce analgésico que necesitamos todos para borrar nuestro escepticismo de un solo trago. La siempre sabia bebida esconde entre sus burbujas de cebada la fórmula mágica de la unión con los demás. Como finalidad última, allende el más prosaico objetivo de apagar la sed, la cerveza favorece las condiciones necesarias para garantizar la comunicación humana. Se trata de una celebración de la vida, un recordatorio de que somos uno, características compartidas, y mucho, por el teatro.

Sólo hay que pasearse por Londres, ciudad con la mayor oferta teatral del mundo, para darse cuenta de que esta simbiosis entre ellúpulo y el escenario no es gratuita. La proliferación de los llamados pub theatres ('teatro pubs') es enorme a lo largo y ancho del Reino Unido, y cuenta además con una tradición de varios siglos. No en vano, estamos hablando de la tierra que parió a Shakespeare, hijo, precisamente, de un degustador de cervezas.

El concepto de 'teatro pub' surge de la idea de pub como centro de reunión de la comunidad (de ahí que el origen de la palabra pub venga de public house, casa pública). Muchas de estas casas públicas tenían cuartos traseros que eran usados como lugar de reunión, oficinas políticas o gimnasios, es decir, cumplían un rol primordial en el desarrollo de la comunidad, mucho más local en la época en la que empezaron a aparecer, a diferencia de la metasociedad actual, donde lo público reside en los medios. El concepto de convertir estas habitaciones en algo semejante a un teatro, con escenario y asientos numerados, parecía ser una evolución natural y lógica. Hoy en día, el 'teatro pub' es una sana alternativa a los aspavientos de neón del teatro londinense más comercial.

La intimidad e inmediatez que se pierden en los grandes estrenos se hacen palpables en un bar. Algunos de los dramaturgos más influyentes del Reino Unido comenzaron sus carreras estrenando sus obras en 'teatro pubs', y los ya consagrados suelen aprovecharse del pequeño y discreto escenario disponible para ofrecer sus obras más arriesgadas a una audiencia limitada (y afortunada), y así tantear la reacción del público.
Bien se sabe que el teatro cumple la función del viejo cuentacuentos, de transmitir la sabiduría acumulada por siglos de sabios ancestros. De alguna forma el teatro nos enseña a vivir. Habla del hombre, de sus virtudes y de sus flaquezas. Desnuda ante los espectadores, también hombres y mujeres, la condición humana es sometida al duro escrutinio de sus contemporáneos.
La cerveza, de una forma más concreta en la persona que bebe siempre con moderación y mesura, aporta esa dosis de verdad personalizada, una verdad que muchas veces se ha dado en forma de arte -¿existe mayor verdad humana?- La sinergia entre cerveza y los escritores, entre ellos los dramaturgos, es evidente. No hay más que observar la lista de autores fanáticos de la buena cerveza: Orson Welles, James Joyce, Ernest Hemingway, William Faulkner, Vladimir Nabokov, Samuel Beckett, Bertolt Brecht o Tennessee Williams, quien durante el tiempo en que trabajaba en una zapatería salía casi todas las noches a caminar por la calle Delmer con su hermana Rase, para luego detenerse a tomar la cerveza de raíces que les gustaba con locura, y rematar la noche mirando vidrieras. El escritor Ernst Jünger decía: "La cerveza vuelve la sed agradable" cada vez que levantaba una copa. Tampoco nos podemos olvidar de que la cerveza es la bebida más antigua del mundo y que en Japón se bebe una variante, el sake, sin color, sin gas y sin burbujas. Mishima, De, Tanizaki o el medio británico Kazuo Ishiguro hacen brindar una y otra vez a sus personajes con este fermento del arroz...

Shakespeare

Pocas cosas se saben a ciencia cierta de la vida del dramaturgo de los dramaturgos: William Shakespeare. En algunas biografías leemos que le expulsaron de su pueblo cuando era un adolescente por cazar ciervos sin permiso o que en Londres ejerció oficios tan poco cualificados como mozo de cuadras; en otras, que se mofaba de los círculos intelectuales y literarios y que siempre prefería la compañía de los vagabundos, los juglares o los analfabetos con los que recorría los poblados y los villorrios ingleses, y que se retiró a los 45 años para vivir plácidamente junto a su familia en Stratford. Pero hay una cosa clara en la vida de Shakespeare: fue un grandísimo aficionado a la cerveza y pasó gran parte de su tiempo en los pubs. De esa afición a la mágica química del lúpulo dejó constancia y testimonio en algunos de sus textos más populares como Hamlet y Sueño de una noche de verano.

Su genio literario está más relacionado con la palabra viva de la gente del pueblo que con las academias, tertulias literarias y otros lugares donde las palabras se miran al trasluz de una lupa. Shakespeare utilizó la cerveza como una herramienta más para inspirarse. Y es que ahí radica gran parte del atractivo de la cerveza para el arte, en general, y el teatro, en particular: la inspiración. Laurence Olivier, uno de los mejores actores de todos los tiempos, declaró: "Actuar es como el primer trago de cerveza robado cuando uno es niño y cuyo sabor no se olvida nunca porque deja una huella imborrable en el paladar. Estoy convencido de que el teatro es la primera seducción del pensamiento".

Curiosamente, la cerveza prestó otro importante servicio al mundo del teatro. El 14 de enero de 1823, el teatro nacional de Munich se incendió durante una representación. Hizo tanto frío que las conducciones de aguas y las bocas de riego estaban congeladas. Por lo tanto no hubo otra opción que la de utilizar la cerveza del edificio vecino, el Hof bräuhaus, para salvar el teatro.
Aquellos que se oponen a la ebriedad contenida y a la seducción, a la cerveza, no se dan cuenta de que gran parte de los grandes autores y artistas que aparecen en sus laminadas enciclopedias de coleccionista han recurrido, y mucho, a esa pequeña burbuja de aire que ayuda a que la vida sea una experiencia mucho más completa y profunda, en el conocimiento de uno y en de los demás. Todos, con una formación adecuada, tenemos en nuestra mente el potencial de traducir lo exterior en formas sensibles.

Tenemos la capacidad de crear y explicar mundos alternativos. Tal vez haga falta distorsionar un poco realidad para atravesar el filtro la ciencia más positivista "lo veo luego existe. No lo veo, luego no existe"), que nos carcome diariamente. No todo es tan claro ni todo es tan sencillo de explicar. Hay que conseguir el distanciamiento suficiente como para vernos desde fuera, vernos objetivamente externos a nuestro punto de vista habitual. Y eso, señores, es lo que nos concede la cerveza, una bebida que probablemente haya existido antes que la escritura. Una bebida en la que han sido deposita siglos de conocimiento humano. Mejor nos vendría beber de ella y aprender.